Uno de los experimentados investigadores de la Fundación para el Desarrollo (Funde), Enrique Merlos, conversó con Periódico Equilibrium sobre la apuesta por el desarrollo territorial.
Foto: Periódico Equilibrium.
Impulsar el desarrollo territorial no es algo nuevo, pero sí importante para posesionarlo como una estrategia que permita vencer los obstáculos que detienen el mejoramiento de la calidad de vida de la población salvadoreña.
Esa es la visión que la Fundación para el Desarrollo (Funde) ha logrado impulsar en los últimos 12 años, pero que requiere de una planificación a largo plazo por parte del Ejecutivo para lograrlo.
Ese trabajo de desarrollo territorial de Funde ha permitido llevar asesoría y planificación en varias zonas del país como la Región de los Nonualcos (La Paz), Valle del Jiboa (San Vicente), Bahía de Jiquilisco (Usulután), y municipios de los alrededores del Volcán Chaparrastique (San Miguel).
Allí se ha logrado llevar procesos participativos de planificación e identificación de apuestas estratégicas, para articular esfuerzos locales con la agenda nacional, explica Enrique Merlos, experimentado investigador de la referida fundación.
El profesional explicó que existe diversidad de temáticas y se trabaja con la Red de Mancomundiades de El Salvador (conformada por 24 mancomunidades de todo el país y que representan a 185 municipios), bajo este concepto de desarrollo territorial, que debe ser concebido como el proceso que permite generar transformaciones en los territorios en diferentes dimensiones.
Esto es, hacer cambios sociales para vencer la desigualdad en la distribución de la riqueza, porque eso es uno de los elementos que no permite mejores condiciones de vida.
Uno de los temas actuales que debe ser abordado como agenda de país es el ambiental y los recursos hídricos. En Centroamérica El Salvador es el país más pequeño y el más afectados por el cambio climático y que cuenta con una sobrepoblación promedio de 320 habitantes por Kilómetro cuadrado pero con casos extremos como el de Soyapango, cuya población es de 2,700 personas por kilómetro cuadrado.
Esto genera un problemas en lo social, económico y ambiental que debe no solo visualizarse, sino intervenirlo adecuadamente, porque, como lo sostiene Merlos, representa una combinación perfecta que da como resultado recursos naturales altamente degradados y contaminados, además de urbanizaciones en expansión.
Otros territorios presentan como problema el cultivo de la caña de azúcar, mismo que a juicio de Merlos se realiza sin mayor control, aunque hay que reconocer que es una industria que en los últimos años está generando importantes divisas al país, pero sigue siendo un rubro generador de empleos con los peores salarios pagados.
A ello habrá que sumar el hecho que la expansión de este cultivo está llegando a zonas naturales protegidas y hasta a pocos metros del mar, disminuyendo considerablemente la cantidad de tierra para cultivar granos básicos para la subsistencia de pequeños productores agrícolas.
Además hay que contar las malas prácticas en esta actividad económica por el alto consumo de productos químicos.
Lea mañana, las apuestas para incrementar el crecimiento.