Es un niño de 13 años que empezó a cantar, según el y su padre, a los cuatro años, hasta hace tres que se hace acompañar de una guitarra para presentarse donde quiera que se le conozca y que requieran sus servicios.
Fotos: Periódico Equilibrium.
Está a punto de cumplir 14 años y al pararse frente al micrófono su rostro juvenil inunda de alegría a quienes lo ven. Al escucharlo tocar la guitarra nadie imaginaría que Jaír Abinael Noyola decidió que su canto debería ser acompañado de tan exquisito instrumento de cuerdas sin que nadie se lo enseñara.
No tuvo que acudir a ninguna academia, ni a un profesor de música, sino que se pasó horas tras horas imitando los movimientos de quienes por la televisión mostraban su arte de tocar guitarra.
Cada vez que escuchaba el sonido se dedicaba a observar y practicar, tantas veces como fuera necesario, hasta que logró arrancarle los quejidos de alegría a su ahora inseparable compañera: la guitarra.
Y quizás Jaír no lo sepa, pero su empeño es comparable con el ahínco de su padre Froilán de Jesús Noyola, un campesino que tiene un humor suficiente para hacer reír a sus interlocutores.
Don Froilán cuenta que el lugar donde reside tiene un nombre peculiar: comunidad “Milagro de la Roca”.
Esta población de la que Don Froilán y su familia forman parte, está asentada en Quezaltepeque, departamento de La Libertad, sobre la lava que dejó hace más de un siglo la erupción del volcán de Ilopango y allí en medio de esas rocas surge la vida, allí cultivan sus alimentos, allí ha crecido Jaír y Allí vivirán porque es su patrimonio.
Mientras tanto, Jaír seguirá presentándose con la esperanza de llegar a ser un gran artista. Esta vez se lo escuchó en Casa Abierta, donde las familias campesinas que llegaron recibieron sus títulos de propiedad de parte de las autoridades del Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA).
Generosas le reglaron aplausos, por esa voz juvenil y ese talento que lo ha hecho autodidacta en la música y el canto.
