… La gente se preguntaba cómo una mujer como ella, no tan fina, no tan guapa, no tan alta, no tan flaca, tenía y había tenido cada ejemplar masculino a su lado, besándole los pasos y comiendo de su mano, la respuesta era sencilla… ella era una maga del erotismo…
… Era de esas mujeres que aún se ponían medias y lencería en días nublados y que en días de calor su cuerpo sudado pegaba la seda de su blusa a la forma precisa de su brassier de encaje, una mujer de ojos de gato, delineados en negro de amplias y falsas pestañas y sobradas caderas…
… Una mujer que amaba seducir al espejo y todo lo demás era consecuencia, una buena cama, eso tenía ella, una buena antesala de la cama, una perfecta sobremesa con su pie pequeñito y sus medias caras rosando la entrepierna sin perder la compostura…
… Unas manos de uñas no cortas, no largas, que dejaban marca y no herida, unos labios que parecían estar pidiendo beso eternamente y senos que rebotaban cuando le hacías el amor, que caían al tacto y se erectaban al contacto…
… Ella era una maga del erotismo, mostraba partes de sí misma, las que le gustaba y dejaba otras a la imaginación, disimulaba su vientre con camisones negros o blancos, otros del color del vino y se los alzaba como enaguas cuando se subía a tu miembro y se echaba a galopar…
…Dejaba entre abierta la puerta del baño mientras se desvestía para la calle y se vestía para el amor, nunca estaba desnuda por completo y parecía que estaba doblemente estarlo, ella se inclinaba con todas sus curvas sobre tu cuerpo y luego te dejaba domarla…
… Ella tenía buena cama, buena antecama y perfecta sobremesa, era una mujer interesante, un alma vieja, un libro abierto con líneas subrayadas en rojo y páginas sueltas… Ella era así el erotismo encarnado en sus movimientos cotidianos…