Hace 24 años, El Salvador soñó con hacerse una patria grande, libre de máculas provocadas por malos hijos; capaz de darle cabida a las expresiones de perdón, de desarrollo y de una sociedad pacífica.
Foto: Periódico Equilibrium.
Hoy debería celebrarse un estado de paz; debería celebrarse el fin de una guerra que cambió el rumbo de un país; debería celebrarse que se está avanzando todos juntos hacia un nuevo El Salvador.
Pero con tantas decenas de vidas que se pierden a diario, con políticos que anteponen sus intereses y los de sus partidos, con los actos de corrupción que manchan el honor del país, con instituciones que responden a una agenda política aún, es difícil decir “celebremos la paz”.
Lo que sí se puede afirmar es que hay hombres y mujeres que tienen la convicción de trabajar por mejorar las condiciones del país, a pesar de la cuesta arriba que llevan caminando de hace años.
Sí, porque aún pueden rescatarse aquellas acciones de microempresarios que quieren salir a flote a pesar de las extorsiones de esos grupos que le hacen tanto daño al país y que se alían con quien mejor les paga.
Porque hay esperanza en quienes desde alguna cartera de Estado luchan por hacer de la transparencia una cultura que lleve a El Salvador a ser reconocido como un país merecedor de respeto.
Aún hay esperanza porque a la pluma extranjera que quiere denigrar a toda costa a este país que le da cabida para que sobreviva, hay cientos de hombres y mujeres que a diario le dicen que esta tierra es digna de rescatarla, con el esfuerzo diario, sin escribir ni una sola palabra, sino actuando por amor a la familia y no por amor a una paga.
Por eso, pensamos en Periódico Equilibrium, que todavía hay espacio para celebrar la paz, aunque sabemos que hace falta mucho para vencer el odio, la oposición absurda, el oportunismo, el populismo, la polarización y la insensatez de quienes creen decir el mejor discurso pero mostrando en sus expresiones faciales que no están en paz, ni consigo mismos.
