… Me decían la gorda, todos y cada uno de aquellos que conocía: gorda, gordis, gordita… Pero yo no me veía así, no sentía mis pechos enormes, mis amplios muslos, mis redondas nalgas un problema de gordura…
Por MALE Capetillo Cabrera/Foto: 1960 Antonio Reynosa Castañeda. «La gorda»
…No sentía mis caderas insinuantes un asunto trascendental de los demás…
… Sentía mi cuerpo, grande es cierto, dueño de su propio lugar en el mundo, caminando con impacto rompiendo las aceras que no resistían el paso de mujeres de cola grande y frente abundante…
… Me gritaban ¡eh tú gorda! En público y me susurraban versos para hacerme el amor en privado, las mujeres miraban cada silla apostando si iba o no a romperse, miraban si las puertas podrían darle paso a mí humanidad y si mis suspiros no harían que los niños vuelen…
… Yo era la gorda ante los ojos de la gente, pero ante mi espejo sólo veía más y más de mi piel nacar, más de mi pecho, más de mi sexo, más de una mujer cuyo peso lo definían las palabras…
… Jacinto Gutiérrez se sorprendió de poder levantarme de las caderas una tarde que nos engordaron las ganas de comernos el uno al otro…
Le sorprendía que sus brazos rodearan la circunferencia de mi cuerpo que se decía era sumamente obeso… Jacinto aprendió rebozando en mí que yo jamás estuve gorda y era el pueblo entero que tenía gordos los ojos de hace tiempo…
