El Volcán de San Salvador cumplió el domingo 7 de junio 98 años de haber hecho erupción, misma que se manifestó previamente en dos terremotos que un causaron severos daños humanos y materiales.
Por: MARN/Fotos: documentos históricos.
La primera señal que anunció que algo grave estaba por ocurrir, sucedió cuando las agujas del reloj marcaban la 6:55 de la tarde de aquel día de junio de 1917. Las poblaciones alrededor del Volcán de San Salvador fueron estremecidas por el primer terremoto que tuvo una magnitud local de 6.5.
El sismo afectó a lugares situados al sur de la cadena volcánica, desde Caluco hasta el desagüe del lago de Ilopango, dejando a su paso graves daños estructurales, muertos y heridos en Armenia, Ateos, Sacacoyo y San Julián.
A las 7:30 p.m., un segundo terremoto con una magnitud local de 6.4 causó más daños en Apopa, Nejapa, Quezaltepeque, Opico, Santa Tecla y la capital de San Salvador, siendo esta última la más afectada: mil muertos, muchos heridos. Relatos históricos señalan que de nueve mil casas que habían en la ciudad capital, solo 200 quedaron intactas (Madrid y otros, 1998).

Solo 41 minutos después del segundo terremoto, es decir, a las 8:11 de la noche el volcán de San Salvador comenzó a hacer erupción.
En San Juan Los Planes, Chanmico y otros lugares del flanco norte del volcán escucharon fuertes retumbos. La población observó que del volcán comenzaron a salir columnas de humo negro y espeso.
Según relatos de Jorge Lardé plasmados en libros de historia salvadoreña, la ladera norte se abrió tras una gran llamarada, lanzando una lluvia de piedras y lava enrojecida. (Tribuna Libre, 1956)
A las 8:45 p.m. se dio la apertura de bocas eruptivas del volcán, llamadas «Los Chintos» y «El Tronador», las cuales emitían lavas incandescentes acompañadas de fuertes retumbos y emanación de gases. Desde éste momento, la gente salió despavorida sin saber lo que ocurría. (Cañas, 2001).
Los historiadores indican que la lava arrasó extensas áreas de montaña casi vírgenes y hermosos pastizales, destruyó viviendas y causó pánico entre los lugareños que corrían sin saber a dónde ir.
El 9 de junio, mientas la lava continuaba saliendo por bocas eruptivas del flanco Norte, se observó que el lago existente en el Boquerón comenzó a evaporarse formando un espesa humareda., hasta que el agua se evaporó por completo el 28 de junio.

La historia señal que aquel 28 y 29 de junio hubo explosiones que arrojaron lodo caliente hasta 200 metros de altura y erupciones de material rojizo.
Los productos expulsados en el interior del Boquerón, formaron en el fondo un volcancito que actualmente tiene una elevación de 35 metros, conocido como El Boqueroncito, las cenizas emitas por esta nueva boca eruptiva cayeron principalmente sobre Santa Tecla. (Larde, 1956).
En la Plaza Morazán, Parque San José y la Avenida Independencia se improvisaron carpas. En la Plaza de las Carreteras; en la finca Modelo y en todos los parques se refugiaron las personas que vivían a la expectativa de algo doloroso; todos los talleres paralizados y los temblores sucedían sin interrupción. En San Jacinto se instaló un campamento en el atrio de la iglesia y desde allí se miraba salir desde el Boquerón una enorme columna de humo espeso y negro.

Muchos habitantes que vivían en El Boquerón eran aserradores de pino y habían construido sus viviendas en el interior del cráter; quedaron sepultados por los derrumbes.
En Mejicanos y Apopa casi todas las casas se derrumbaron por la proximidad al volcán, la ciudad de Armenia fue la más dañada, hubo muchos muertos y heridos, estos fueron auxiliados y transportados por un tren que llegó de Sonsonate con médicos y víveres.
Un relato dicta que el coronel Federico Velarde estaba hospedado en una Quinta ubicada en Armenia; se encontraba cenando y alcanzó a salir 10 segundos antes que la casa se derrumbaba. Se fue a pie desde Armenia a San Salvador con mucho peligro, pues había derrumbes y caían grandes peñascos en la zona de Colón.
El campo Marte, hoy Parque Infantil que era lugar para competencia de autos, equitación y diversos deportes, sirvió de refugio a muchas familias. Desde allí se contemplaba perfectamente el volcán y se pudo ver un espectáculo macabro y conmovedor que llenaba de terror a toda la gente, cuenta la historia.
El terremoto derribó edificios construidos con sistema mixto como el Teatro Colón, el Almacén Dreyfus, Schwartz, la Escuela de Medicina, etc. Dañó los pueblos de Santa Tecla, Quezaltepeque, San Julián Cacaluta, Ilopango, Santo Tomas, Colón y San Marcos, entre otros.
Testigos de la erupción fueron los guardias nacionales que vigilaban la finca del presidente de la República, Carlos Meléndez, había doce guardias, de ellos ocho perecieron. Dijeron que el volcán estalló entre las Granadillas y San Juan los Planes, a 50 metros de la casa de la finca.

Los guardias corrieron hacia la laguna de Chanmico, pero cambiaron de rumbo pues la lava casi los alcanzaba. Los guardias tuvieron que atravesar el Jabalí y se dirigieron a Colón.
Después de cinco meses de erupción, la colada de lava recorrió unos 6 ½ kilómetros, con una anchura variable de entre 100 metros y 3 ó 4 kilómetros en algunos puntos. En noviembre de 1917, había terminado el proceso eruptivo.
Durante los últimos 500 años, el volcán ha generado dos erupciones caracterizadas por flujos de lava en los años 1658 y 1917. Actualmente el sistema magmático del volcán de San Salvador puede considerarse como un reservorio que se encuentra con una presión inferior a la del medio que la rodea, es decir, un sistema que se encuentra en situación estable.
Si ocurriera una erupción como las del pasado, podría afectar a muchas personas de forma directa o indirecta, por ello se busca educar a la población respecto a los riesgos volcánicos a los que está expuesta y realizar los procedimientos más adecuados para mitigar el riesgo en caso de reactivación eruptiva.
Actualmente el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) a través de la Dirección General del Observatorio Ambiental, realiza tareas de monitoreo y vigilancia volcánica, lo cual es básico para pronosticar una erupción.

El nivel de riesgo sísmico y volcánico obliga a tomar medidas encaminadas a reducir las vulnerabilidades en los poblados de su alrededor. Estas medidas pueden ser tan básicas como un plan de emergencia familiar. Es decir, tener una opción para evacuar rápidamente.
El MARN con apoyo del Ministerio de Educación y otras instituciones como Geólogos del Mundo, ASDI, UNAM, USGS y otros, han desarrollado investigaciones importantes encaminadas a conocer el nivel de amenaza y riesgo por actividad volcánica. Se cuenta con mapas de escenarios de peligros del volcán el Boquerón, guías prácticas y documentos educativos entre otros.
El Boquerón, es uno de los volcanes activos de más alto riesgo del arco volcánico de América Central.
Es un estrato volcán potencialmente activo, formado por el Picacho, Boquerón, Jabalí y otras estructuras menores en sus flancos y laderas. La estructura más prominente es el enorme cráter conocido como Boquerón, que tiene un diámetro de 1,500 metros y una altitud máxima de 1,880 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.).
En su interior, a 1,340 m.s.n.m se encuentra un volcancito de 35 metros de altura, llamado Boqueroncito, formado durante la última erupción.