La Crónica: Érase una vez el buen fútbol

aficionados alterados

Muchos de los que ahora sobrepasan los 50 años, recordarán que las canchas de los años 60 o 70, eran seguras; que las barras se retiraban sin resentimiento alguno contra los contrarios y que no era necesario controlar a los aficionados porque eran pacíficos.

Foto: Wilton Castillo.

Habría cumplido para entonces unos ocho años, cuando me paré por primera vez casi sobre la línea de cal del costado poniente del estadio Arturo Simeón Magaña, en Ahuachapán. Era 1971 y el tanque fronterizo jugaba contra el Molino FC. de Ataco, en la tierra de los ausoles.

Nadie me cuidaba de nadie, porque los aficionados contrarios o propios, nos cuidaban a los niños. “Quitate de ahí”, me dijo un joven aficionado del equipo visitante, al percatarse que el partido había iniciado. Me retiró y me dijo que me quedara en un lugar seguro: en las gradas de madera, donde la única amenaza era la pelota.

Después del partido, nos fuimos contentos con un amigo de mi padre, con un cero a cero en el recuerdo. Muchos se saludaban, sin importar el color de la camisola.

Me recordé de ese momento luego de conocerla  irracional actuación de algunos aficionados este domingo, en el Estado Cuscatlán, en San Miguel y en Santa Ana.

Lástima por el fútbol en el que muchos aficionados aún creen. Yo deje de hacerlo desde hace muchos años, ni siquiera el fugaz regreso del Once Municipal a la Primera División me motivó a volver a las canchas.

Qué pena, que no solo las calles sean inseguras. Afuera del Estado Cuscatlán fue fotografiado un aficionado que pistola en mano discutía con otros. Una deficiente actuación futbolística de un equipo deficiente por ratos y eficiente por otros, despertó la intolerable idea de verlo en las últimas posiciones de la tabla. Insisto, Qué lástima.

 

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