Tutela Legal del Arzobispado ya no existe físicamente; pero en la memoria de muchos familiares de las víctimas de la guerra y de la injusticia de la época del conflicto armado o sobrevivientes del mismo, aún está vigente. Una de sus esperanzas fue María Julia Hernández.
Gloría Hernández, encarnó por un momento a su hermana María Julia, la mujer pequeña y sencilla que en plena guerra y persecución política, hizo de los familiares de las víctimas de la violencia una parte de su vida, mientras estuvo al frente de Tutela legal del Arzobispado.
Este jueves, la labor despreciada por muchos en su época fue reconocida de forma póstuma por el Presidente Mauricio Funes, quien le entregó a Gloria la Orden del Libertador de los Esclavos José Simeón Cañas, en el grado de Gran Oficial.
María Julia fue para muchos hombres y mujeres su último, y quizás su único consuelo, para lograr que la justicia terrenal castigara los crímenes inmerecidos de los que fueron víctimas centenares de personas cuyo delito nunca se identificó. O a lo mejor, nunca existió.
Ante la presencia de funcionarios, cuerpo diplomático y otras personas involucradas en la defensa de los derechos humanos, Gloria tomó entre sus manos un premio que su hermana María Julia debió recibir en vida.
“Al entregar esta condecoración, aprovecho para rendir este homenaje y agradecer a María Julia Hernández, en nombre del Gobierno y del pueblo salvadoreño, su compromiso con la vida y su dedicación generosa al servicio de las víctimas de la injusticia”, dijo el gobernante.
La oficina que durante tantos años dirigió Hernández, ya no existe físicamente. El Arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar Alas, ordenó su cierre y, en su lugar, está pendiente la apertura de otra oficina.
El religioso ha asegurado públicamente que los documentos que son el testimonio de cientos de familiares de víctimas de la violencia generada por la guerra de doce años que vivió El Salvador, están debidamente resguardados.
Muchos de los familiares dicen que no están seguros de eso, pero están convencidos que esa parte dolorosa de la historia nunca va a desaparecer porque permanece en sus memorias y están dispuestos a dar nuevamente su testimonio para que todo quede sentado.
