Christopher: un ejemplo de superación

Christopher Ricardo Pacheco Fuentes, es un adolescente de 14 años que tiene una ambición en su vida: ser lo mejor que pueda.

Christopher Ricardo Pacheco Fuentes, tiene ganas de la vida. A sus 14 años y con su octavo grado de estudios, sueña con ser psicólogo, quiere tocar muchos instrumentos musicales, ha compuesto una canción romántica que solo la ha escuchado su mejor amiga: Andrea.

Es un adolescente fuerte y decidido, de fácil expresión, deseoso de aprender. Ahora aprende el Judo; quiere también aprender Karate y quién sabe qué cosas más. Su falta de visión total no es ninguna limitante.

“Para nada… mi discapacidad visual no es limitante para nada, siempre hay limitantes pero si se saben superar se puede llegar muy lejos”, dice

El Judoca Manuel López Ventura (izquierda), dando instrucciones a sus alumnos excepcionales.

Mientras le cuenta a Equilibrium su experiencia de aprender Judo en la Casa de la Cultura del Ciego, en San Salvador.

Dice que aprender este deporte que es un arte marcial, le representa una nueva experiencia y una oportunidad más para desenvolverse.

“Me gusta conocer más cosas. Antes no sabía qué era el Judo, sí sabía que es un arte marcial, pero de qué se trataba no sabía nada. He aprendido bastante. Tengo habilidades que no tenía, me ha ayudado a tener autoconfianza y a subir mi autoestima”, justifica durante un receso de su entreno facilitado por el judoca, Manuel López Ventura, quien sustituye momentáneamente a la entrenadora  Sara Bonilla, una campeona en este deporte.

Christopher Ricardo sigue conversando con Equilibrium y señala que la práctica del judo le ha ayudado académicamente. “Me despeja la mente y no tengo distracciones. Antes no hacía mayor cosa, solo jugaba pelota en mi casa yo solo”, dice.

Pero aprender este arte marcial no son todos sus planes. Le gustaría enseñar ese mismo deporte llegar lo más lejos posible si Dios se lo permite. Quiere alcanzar el 5º dan.

“Mi papá es cinta negra en Karate, pero por su trabajo no me puede enseñar»; sin embargo ha aprendido de su padre varios trucos y le ayudan a defenderse. También pretende practicar la natación, un deporte que, de pequeño, le daba pánico, confiesa.

Christopher Ricardo (derecha), en plena práctica con Héctor, otro adolescente no vidente.

Ha aprendido a tocar flauta, guitarra y piano. Pero su  ambición no se limita a eso. Quiere cantar. De hecho ha compuesto una canción titulada “Cómo te quiero”.

Nos hizo una prueba de su voz, cantó una parte del coro de la canción “desde mi cielo”, del Mago de Oz. Una canción que no solo refleja amor, sino que muestra la práctica del mismo, y que no sopesa sacrificios:

“Pero mi vida, yo nunca podré olvidarte, y solo el viento sabe lo que has sufrido por amarme. Hay tantas cosas que nunca te dije en vida, que eres todo cuanto amo y ahora que ya no estoy junto a ti, desde mi cielo os arroparé en la noche y os acunaré en los sueños y espantaré todos los miedos, desde mi cielo…

“He escrito mi propia canción se llama: Cómo te quiero, no es para nadie en especial, pero sí es sobre una persona como yo de baja visión y va a la escuela. Llega el último año en que ve a su amada, el último día le confiesa a su amada su amor y se va.

Le deja a su amada el saber que siempre la amó desde el primer día que la escuchó que no le hacía falta ver para saber que es bonita, que no le hacían falta ojos para saber su hermosura.

“Me inspiré en la vida da una adolescente como yo, ella existe de verdad, seguramente habrá adolescentes a nuestro alrededor que tienen alguna chica, alguna dama que aman y no encuentran forma de decírselo, entonces yo me inspiré en eso y qué mejor forma de decirlo que con un poema o una canción”, reflexiona Christopher.

La inventó, le puso música y tiene planes de subirla en internet, pero su familia está atareada con ciertos asuntos y no he podido ayudarlo a cumplir ese sueño, aunque nunca le han dejado de apoyar.

“Esta canción se la he cantado a una amiga que tengo, pero no a la niña en la que me inspiré y parece que le gustó mucho. No estoy enamorado pero tengo una amiga especial, se llama Andrea”, comentó.

Manuel López Ventura sostiene por hoy las prácticas de un grupo de no videntes y videntes Son apenas cinta blanca, es decir un grupo que se inicia.

López Ventura explica que los danes son los grados que se alcanzan de acuerdo con el perfeccionamiento de la técnica. Después del cinturón blanco, podrán ir ascendiendo a amarillo, naranja, verde, azul, café y negro, luego vienen los dan del primero al quinto, este es el culmen, al que aspira Christopher Ricardo.

La misión de Sara Bonilla, titular de la enseñanza del grupo, es llevarlos a un evento internacional de Judo para deportistas no videntes. “Ella sueña con presentar un equipo salvadoreño en los juegos Panamericanos”, señala López Ventura.

En virtud de su contínuo aprendizaje sobre el Judo, Bonilla se encuentra en Italia, pero a su regreso se incorporará a las prácticas.

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