Las mujeres de las “Flores desarmadas” y los huevos “chimbos”

Con un tinte de ficción y realidad, la periodista y escritora Morena Azucena cuenta una historia en la que las protagonistas son su mamá, sus tres tías y su abuela.

Fotos: Morena Azucena.

San Salvador. El día de Los Difuntos, una tradición salvadoreña que sirve para exaltar la memoria de quienes un tiempo pasaron por esta tierra y dejaron huella en la vida de cada quien, se conmemora cada 2 de noviembre.

Morena Azucena hurgó en el rincón de sus recuerdos e hizo realidad un reconocimiento póstumo que ya revoleteaba en sus planes de incipiente escritora. Así nació una pequeña recopilación de nueve cuentos: “Flores desarmadas”.

Los cuentos incluyen “Los indestructibles huevos chimbos” que bien sirven para adornar las tumbas o para hacer bromas entre amigos destripándolos sobre la cabeza para llenarla de infinidad de papelitos de colores.

Los indestructibles huevos chimbos.

Allí, en esas líneas se encierran los recuerdos de un trabajo que sorteó dificultades económicas que no fueron capaces de doblegar la voluntad, primero de su abuela y luego de sus tías y se mamá Elinor Mayorga de Azucena.

Era 1965 y el terremoto de entonces obligó a la familia a mudarse a un mesón de Soyapango. En ese territorio se generó una historia de flores de papel y huevos chimbos que cada 2 de noviembre iban a parar a los cementerios, a las tumbas de los difuntos.

Flores desarmadas recopila narraciones de ficción, pero no desdicen la realidad que vivieron esas cuatro mujeres que bien pueden representar a muchas más de la actualidad.

Morena dice que el libro refleja su necesidad de inmortalizar a Victoria (la abuela), Blanca, Luz y Lidia (tías, hermanas de su padre) y Elinor (madre) por su lucha de supervivencia y porque merecen que sus flores no se marchiten nunca o que su legado no desaparezca.

La obra

Flores desarmadas no es un libro lucrativo; más bien, es un contenido de rescate de la memoria de mujeres concretas que tuvieron que creer, esperar, llorar y soñar para que sus vidas alumbraran hasta que llegara el último día.

Morena Azucena lo presentó en un evento internacional como parte de la producción literaria y cultural que el país tiene y que muchas veces pasan desapercibidas.

Morena Azucena, autora de «Flores desarmadas», con los ganadores de la rifa de su libro.

Parte de sus nueve cuentos, si es que no todos, ya resuenan en distintas escuelas de diversas zonas del país, especialmente en zonas remotas, donde la memoria de Victoria Blanca, Luz, Lidia y Elinor ha encontrado cabida, mediante representaciones que recrearon aquel ambiente de 1965 y los años siguientes.

Recreación de «La tienda Victoria» (de la abuela), por parte de escolares.

Eso fue posible por el apoyo, entre otras, de La GEO para llevar los cuentos a centros escolares de Alegría, Berlín, Chinameca y Ahuachapán.

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