Errores que se siguen cometiendo al crear una contraseña

El problema más grave con la reutilización de contraseñas es que los usuarios quedan expuestos a lo que se conoce como credential stuffing.

Foto: ESET.

Centroamérica. Crear contraseñas simples, reutilizarlas, o incluso compartirlas con terceros, son algunos de los errores más comunes que se deben evitar al administrar los accesos a tus cuentas. ESET comparte cinco puntos clave a tener en cuenta a la hora de crear claves.

Reutilizar las contraseñas: Uno de los errores más frecuentes es, sin lugar a duda, la reutilización de contraseñas. Según una encuesta realizada en 2019 por Google, el 52% reutiliza la misma contraseña en varias de sus cuentas, mientras que un sorprendente 13% usa la misma contraseña para todas sus cuentas.

El problema más grave con la reutilización de contraseñas es que los usuarios quedan expuestos a lo que se conoce como credential stuffing. Esto es una forma de robo de credenciales, a través de la que se busca tomar el control de las cuentas de los usuarios y utiliza bots que intentan iniciar sesión utilizando credenciales de acceso que fueron filtradas en brechas de datos antiguas que sufrieron otros sitios.

Crear contraseñas simples: Las contraseñas simples suelen ser las más utilizadas. Anualmente se publica una lista de las contraseñas más utilizadas con “12345” y “password” frecuentemente entre las primeras del ranking. Además de patrones simples y palabras obvias, un error frecuente que se puede estar cometiendo al crear contraseñas es utilizar datos personales como parte de estas, lo que las convierte en fáciles de adivinar o de encontrar.

Lo ideal es utilizar como contraseña una frase. Además, el doble factor de autenticación (2FA, siglas en inglés) también debe activarse cuando sea posible, ya que agrega una capa de seguridad adicional contra varios tipos de ataques que intentan revelar credenciales de inicio de sesión.

Almacenar las contraseñas en texto plano: Otro error frecuente es escribir las contraseñas en papel o notas adhesivas, o guardadas en hojas de cálculo o documentos de texto en la computadora o teléfono.

En el primero de los casos, si se optara por esta forma, las anotaciones deberían ser más bien pistas que ayuden a recordarlas, y deberían almacenarse en un lugar protegido de los ojos curiosos.

Compartir contraseñas: Una vez que se comparte una contraseña, no se puede estar seguro de cómo la otra persona manipulará la clave y si la compartirá con otra persona. Por ejemplo, si se comparten credenciales de acceso a una plataforma de compras, la persona a la que se le confió la información podría iniciar sesión con esa identidad, y si los métodos de pago están guardados, podría usar eso datos para realizar una transacción sin su autorización.

Cambiar las contraseñas periódicamente (sin pensarlo demasiado): Cambiar la clave regularmente, sin evidencia de que su contraseña haya sido filtrada en una brecha, no hace que la cuenta sea más segura.

Sustituir una letra por un símbolo similar, agregar o eliminar un carácter especial, o cambiarles el orden a uno o dos caracteres. Esto hace que sea bastante fácil para los atacantes hacer su trabajo, ya que, los cibercriminales si conocen una contraseña pueden adivinar estas transformaciones con poco esfuerzo.

Una contraseña que cumpla con todas las condiciones puede parecer una tarea desalentadora, pero hay varias formas de crearlas sin que se convierta en una tarea tan compleja:Utilizar una frase, por ejemplo, es preferible a una contraseña simple; agregar una capa adicional de seguridad activando el doble factor de autenticación en cada servicio que esté disponible debería ser la norma; si resulta tedioso recordar todas las contraseñas, un administrador de contraseñas podría ser la respuesta.

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