Director de Fe y Alegría apuesta a reducir la brecha digital

Alejandro Calderón: “Tomar la dirección de Fe y Alegría motiva a aportar a partir de esta experticia y yo este año veo un año complejo pero esperanzador por salir adelante a pesar de la falta de presencialidad por la pandemia”.

Foto: Periódico Equilibrium.

San Salvador. Hace tres semanas, parte de la niñez y la juventud inició la asistencia a la escuela multimodalmente, y esto cambia la metodología del trabajo con esos sectores poblacionales que se atiende en la Fundación Fe y Alegría, una institución con 50 años de historia.

Apegarse a la nueva realidad que plantea la pandemia por Covid-19 implica trabajar por cerrar una brecha digital, en virtud de la semipresencialidad. Nadie sabe si alguna vez, de nuevo, se volverá a ser o mismo. A lo mejor no.

¿Qué ha significado seguir la vida en pandemia? En el caso particular de Fe y Alegría, y quizás se refleje en muchas otras organizaciones, “no se ha logrado comunicar todo lo que se hace, ni interna, ni externamente, y eso no es saludable, porque se invisibiliza el trabajo de la institución”, ha reflexionado Alejandro Calderón.

La pandemia ha incidido en el estancamiento del aprendizaje y desarrollo de la población objeto de Fe y Alegría, tanto en sus 18 centros escolares, como en los centros de formación.

“De hecho en los centros escolares nuestros hubo una baja en la matrícula lo que incidió en el aprendizaje y en los centros de formación también seguirá habiendo estancamiento, sobre todo porque no hay práctica en la empresa privada o pública con miras a quedarse activos en estas, precisamente por los cierres empresariales que trascendió hasta la quiebra”.

Uno de los temas presentes y claros de ese estancamiento es la baja significativa en los promedios de notas hasta de dos puntos, cuantitativamente hablando; cualitativamente, y esta es una hipótesis aún, tiene que ver con las relaciones sociales de la niñez, por el encierro, lo que significa un problema interno y externo de estas poblaciones.

Las consecuencias se reflejan en lo sicosocial, el lenguaje, las relaciones con los padres y hermanos, violencia de género y violencia social.

“En eso estamos y estaremos trabajando este año», se reta Calderón y el punto de partida es la presencialidad parcial en las escuelas y el hecho de entender ahora mejor la pandemia; además, la vacunación es una oportunidad que genera más confianza en asistir a las escuelas sin riesgos.

“La brecha digital es un tema a vencer, pero sabemos que no es a tan corto plazo, debería serlo, porque es un problema holístico pues no solo se trata de instalar una antena capaz de llevar la señal de internet, ya que de nada sirve tener una computadora dotada por el gobierno o un celular de amplia gama, si no se puede tener acceso a los planes de datos, puesto que el presupuesto familiar es destinado prioritariamente a la alimentación y no a la posibilidad real de acceso a los planes de datos”.

Esto es un problema urbano y rural, agravado en este último sector, porque hay menos capacidad adquisitiva. Entonces, vencer la brecha digital es algo más complejo «y nosotros en dos o tres meses tendremos una respuesta (a la reducción) de la brecha digital en Acajutla, Sonsonate».

Alejandro Calderón es una persona privilegiada porque estudió en centros privados, pudo costearse un voluntariado que demandaba inversión para poder cumplir con sus expectativas sociales. Trabajó varios años en Chile y en Bolivia en proyectos comunitarios.

Regresó a El Salvador a trabajar con personas con discapacidad intelectual, luego con migrantes forzados y en el campo de justicia restaurativa. En diciembre pasado lo seleccionaron para ocupar la dirección de Fe y Alegría, cargo que asumió el 4 de enero pasado.

El enfoque integral

En Fe y Alegría se vela por la educación como derecho humano, pero se hace desde una visión holística. Calderón lo explica así: “conlleva aristas (la educación) como el empleo digno, la alimentación, violencia intrafamiliar, etc.”

Es decir, se ve la educación popular, desde la fundación, como un término más amplio porque esta parte del contexto “desde y para las comunidades”, para mejorar la calidad de vida y una vida justa con la familia.

Por ello es que Fe y Alegría, impulsa paralelamente la educación académica en 18 centros escolares a nivel nacional y la educación no formal, que es técnica y que apuesta a las habilidades para la vida y el trabajo, para insertar a los futuros ciudadanos al mundo laboral desde la propia realidad de cada lugar.

En Usulután, por ejemplo, en el centro de formación profesional, no se puede vender la idea de cultivar la fresa, precisamente por el clima del departamento; pero sí guineos, papayas, el turismo, etc.

Otro aspecto abordado por la fundación es la Primera infancia, desde tres años, y en los centros de formación, desde 18 hasta 29 años, con atención educativa integral con dimensión comunitaria y familiar.

En cada contexto la realidad es diferente y de ahí surgen los programas, como por ejemplo el abordaje de la problemática de la migración irregular; “La migración por otra parte es un derecho, pero las causas de esta son distintas y esas las atendemos para que la comunidad que la vive sepa cuáles son las mejores formas de retener a sus familiares y no ser parte de una migración forzosa”, ilustra Calderón.

También habló de Familia Fuerte, que es un programa como el que se impulsa en Tacuba, Ahuachapán. Con este y el llamado Práctica Restaurativa se quiere combatir esa forma de educar y promover más valores y respeto, afecto, amor, etc., para un resultado positivo en las escuelas; la práctica restaurativa, no admite el castigo como forma de cambiar actitudes.

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