Quienes comercian ilegalmente con las tapaderas de las alcantarillas que diariamente son robadas, llevarán en su conciencia la muerte de tres niños y el dolor una madre que inentó, por todos los medios, salvar a sus pequeños.
Se trata de la muerte de los hermanitos Girón Portillo, que viajaban junto su amadre en un taxi, en San Miguel, cuando regresaban del mercado de la localidad, en el momento que caía una tormenta en aquella localidad.
La responsabilidad es compartida, porque primero, quienes roban sin ningún escrúpulo, probablemente no lo hagan por necesidad, sino por encontrar dinero fácil; segundo porque las autoridades de la municipalidad acostumbran ignorar los tragantes sin calcantarillas; tercero, por la imprudencia de un conductor y cuarto porque los niños deberían ser la prioridad en las familias.
No puede ser que una madre no encontrara un apoyo en otra persona para dejar seguros a sus hijos en su casa mientras labora, o mientras realiza sus compras.
Ahora no queda más que lamentarse y arguír todo tipo de soluciones. Lamentar que nadie estuvo en el lugar preciso para salvar a los pequeños; movilizar una grna cantidad de recursos humanos y materiales para encontrar, al menos, el cuerpo sin vida de quienes no tienen nada que ver con la irresponsabilidad institucional, etc., etc.
¿Cuántas tragedias más deberán pasar hasta que haya conciencia colectiva del daño que hacemos con nuestras acciones u omisiones irresponsables?
