El nuevo gobierno asume ante una población ávida de paz, desarrollo y progreso

Ahora, al nuevo gobierno le corresponden dos cosas fundamenta-les: gobernar al país en un ambiente política e institucional-mente adverso a sus planes y hacerlo bien para no traicionar a la población que lo eligió.

Por: Periódico Equilibrium.

Por primera vez se tomará posesión de la presidencia frente al pueblo elector.

Por décadas, los presidentes electos por la población han tomado posesión de sus cargos ante un público selecto, donde los gastos por satisfacer los finos gustos de la asistencia selecta y excluyente, no preocupan a quienes manejan las arcas del Estado.

Pero esta vez, Nayib Bukele ha decidido que la toma de posesión como Presidente de la República se haga frente a la población que decidió, por amplia mayoría, que recayera esa responsabilidad en su persona.

Por ello, el electo prefiere que en el acto solemne en el que tienen que estar por ley representantes de los tres órganos del Estado y la comunidad internacional, se mezclen en la Plaza Gerardo Barrios con la población, aquella que tradicionalmente se busca para el voto pero que se ignora cuando se toman las decisiones políticas.

La situación que enfrentará el nuevo gobierno va cuesta arriba, no solo por el hecho de tomar el Órgano Ejecutivo sin que su partido Nuevas Ideas tenga representación legislativa, lo que supone una posición desigual frente a sus adversarios, sino porque estos han iniciado una serie de acciones con las que pretenden heredarle un Estado con finanzas comprometidas, sin tenerse claro cómo se solventarán las obligaciones impuestas.

Agregar una población juvenil como beneficiaria del Seguro Social, a pesar de no haber capacidad para ello; incrementar el Fodes a las Alcaldías sin establecerse la fuente de financiamiento; o aumentar el bono a soldados y policías a $400 por la seguridad pública que prestan al país, implican erogaciones millonarias que el nuevo gobierno tendrá que solventar.

Los dos partidos que en los últimos 30 años han gobernado al país, han dado muestras de inmadurez política al saberse derrotados electoralmente; pero lo más grave de sus actuaciones, de las que nadie se quiere hacer cargo como instituto político, es el saqueo sistemático de los fondos del Estado.

Tan sistemático ha sido el manoseo de los fondos públicos, que el expresidente ahora condenado por corrupto, Elías Antonio Saca, habló de una guía y de consejos de cómo extraer los fondos para que el saqueo no fuera rastreado.

Ahora, al nuevo gobierno le corresponden dos cosas fundamentales: gobernar al país en un ambiente política e institucionalmente adverso a sus planes y, hacerlo bien para no traicionar a la población que lo eligió. Vale decir, pensar en el país, en El Salvador y no en un grupo llamado “partido político”.

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