Yesenia Goldstrom: “Estamos hechos para más…”

Descubrir lo que se es capaz de hacer no se da por un golpe de suerte, se debe trabajar duro para demostrase a si mismos que se puede vivir como uno quiere, que nuestros hijos pueden hacer más aún.

Fotos: Cortesía.

La finca El Molino, Ataco y Ahuachapán nunca se borraron de su mente. Es que allí vivió su infancia, en aquellas extensiones de café que cada año daban a cientos de familias el sustento tras las cortas del grano, uno de los mejores productos que ofrece El Salvador al mundo.

Ella es Yesenia, la joven salvadoreña, ahora radicada en, Omaha, Nebraska, Estados Unidos, que luego de vivir ciertas particularidades dentro de su familia, como el hecho de no contar con su padre desde muy temprana edad, no sabía siquiera que un día dejaría su natal Concepción de Ataco y encontraría en un servicio que ni siquiera conocía, el éxito que ahora le sonríe.

Un día, a sus 22 años, decidió que al siguiente se iba. Acompañó a una de sus primas que la noche anterior le había anunciado que se iba en busca del sueño americano.

“Me voy con vos”, le dijo. Y así fue. Llegaron e hicieron lo que cualquier compatriota que busca una oportunidad se le presentara, con tal de sobrevivir.

De belleza y salud, Yesenia Goldstrom solo conocía lo básico, lo que sabe cualquier mujer que cuida a como dé lugar su presentación física, pero de esas tres letras “SPA”, no sabía nada, reconoce.

De hecho, haber empezado ese servicio fue algo fortuito. Y es que su actual esposo, un día muy cansado y estresado le pidió que le hiciera un masaje. Ella accedió y mostró así que tenía la fuerza y la técnica necesaria para hacer que una persona se relajara y descansara.

Un vista de las salas del SPA de Yesenia Goldstrom.

Su esposo la motivó a instalar un negocio, mismo que funcionó por varios años en un espacio tan reducido que difícilmente podría tener la cantidad de clientes necesarios para sobrevivir del masaje.

“Para decirte que ha veces atendía a una persona mensualmente”, comenta al armar su historia que ahora tiene un estadio totalmente diferente.

En 2009, aquel cuartito, primero prestado y luego rentado, fue dando la pauta del crecimiento del negocio que solo se quedaba a la altura de «un lugar de masaje», para que siete años más tarde la pareja iniciara el periplo de montar un SPA que, además, fue comple-mentado con el correr del tiempo, con un cuarto de “Terapia de sal”, un servicio exclusivo que la salvadoreña inició en la ciudad.

“Terapia de Sal” es un lugar, dentro del mismo negocio llamado Salt and SPA en el que se da una terapia para aquellas personas que tienen dificultades respiratorias y que, sin interrumpir su tratamiento médico, se ayudan de esta forma a mantenerse más propensas a la salud.

Yesenia está satisfecha con este salto que ha dado desde que montó su SPA, porque haber instalado un negocio de esta naturaleza en un país donde hay competencia de calidad, es una hazaña.

Su “Terapia de sal” fue tan novedoso en la ciudad, que tiempo después otra empresaria instaló un servicio similar para ofrecer el servicio.

“Estoy creciendo (en) mi negocio con Arbonne, una compañía de salud y bienestar a nivel mundial. Una de mis pasiones es ayudar a las personas a cómo vivir una vida más saludable de adentro hacia afuera y puedan estar más presente con su familia; al mismo tiempo darles una vida de opciones. Estamos en este mundo para hacer cosas extraordinarias y hacer un lugar de vida, mejor”.

Ni del viaje, ni del SPA sabía nada

“Estamos hechos para más….” así define Yesenia la lucha por la vida, porque las dificultades solo serían una barrera metal que se puede derribar con determinación, con el solo hecho de convencerse de lo que la gente quiere.

“Descubrir lo que se es capaz de hacer no es cosa de un golpe de suerte, se debe trabajar duro para demostrase a si mismos que se puede vivir la vida como uno quiere, de la mejor manera, que nuestros hijos pueden hacer más que nosotros”.

Esta compatriota cree que nos esclavizamos en la cotidianeidad, no nos damos tiempo a nosotros mismos y es que “vamos día a día haciendo lo mismo todos los días. Del trabajo a la casa. De la casa al trabajo. Y la familia es lo último que dejamos. Tengo una visión mucho más grande de cómo vivir mi vida y disfrutar mi familia al máximo. Y enseñarles a mis hijos que ellos pueden hacer lo mismo y mucho mas…”, reitera.

Esta mujer originaria de Ahuachapán, es un vivo ejemplo del valor y determinación; su deseo de superación no se da por una simple ambición.

De hecho, no migró por mejoras económicas, sino por alcanzar mejores logros. Tuvo que dejar su trabajo en El Salvador, para viajar casi intempestivamente a un país que no conocía, pero al que se adaptó para alcanzar su sueño.

Sabe que detrás de sí dejó a un país hermoso, valioso y bello que muchos medios de comunicación se encargan de denigrarlo vendiendo solo violencia.

Pero ella, su esposo y una amiga suya, han venido desde ese estado estadounidense llamado Nebraska, a constatar que en El Salvador sí se puede vivir y disfrutar, pese a las advertencias. “Nada que ver”, contestó su esposo cuando otra persona norteamericana le preguntó: “¿es cierto que es peligroso El Salvador?”…

 

 

 

 

 

 

 

 

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