Y su pueblo lo hizo santo

El Salvador ya tiene a su primer santo: Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, quien este domingo 14 de octubre, ha sido declarado como tal por el Papa Francisco, en Roma.

 

 

Fotos: Periódico Equilibrium/ACI Prensa

Cuando sus verdugos ordenaron el asesinato y el autor material haló el gatillo para quitarle la vida al pastor y profeta, jamás imaginaron que así empezaban el camino para la santificación de aquél a quien consideraron su enemigo.

Pero así fue. Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, ahora santo, se convirtió en el personaje salvadoreño más conocido de su historia, a nivel mundial, al conocerse su muerte y posteriormente su beatificación que ahora culmina con la canonización.

La Iglesia Católica salvadoreña, ahora persigue otro sueño, que el mártir por odio a la fe sea nombrado Doctor de la Iglesia.

Un peregrino que llegó a la Plaza Barrios.

La noche del sábado, una misa concelebrada dio pie a una homilía en la que el sacerdote Jesuita, José María Tojeira, ha señalado que el mártir brilla en todo el mundo y sigue iluminando la sed de justicia del pueblo salvadoreño.

Recordó muchos episodios en los que se manifestó el amor hacia los más necesitados, los más pobres, los más débiles y los más olvidados, como aquella apertura de la Catedral de Santiago de María, donde abrió las puertas para que cortadores de café durmieran bajo techo.

“Es esa cercanía amorosa a los pobres junto con su fe en e Señor Jesús lo que lo llevó a ser profeta de justicia, voz de los que no tienen voz, sin más poder que la fuerza de la conciencia, sin más ley que la del amor al prójimo y sin más patrón que el Divino Salvador. Su única arma era la palabra”, dijo Tojeira.

El encuentro

Frente a Catedral, momentos antes de la canonización.

Previo a la Misa en honor al Santo Óscar Romero, la Iglesia Católica celebró el Encuentro Nacional de Fe que reunió no solo al pueblo católico de El Salvador, sino a feligreses de países centroamericanos y de Estados Unidos, y hasta a representantes de iglesias protestantes como la Bautista.

Llegados de Valle, departamento hondureño, un grupo de feligreses de la Parroquia de Nacaome, capital de dicho departamento fronterizo con El Salvador, en la zona del Golfo de Fonseca, dijeron a este periódico que venían al país a unirse al fervor del pueblo católico salvadoreño por la “canonización del primer santo centroamericano y salvadoreño”.

También estuvieron presentes personas originarias de Guatemala y Panamá, quienes ondearon sus banderas durante la fiesta religiosa.

La canonización

El grupo santificado.

El Papa Francisco, quien presidió la ceremonia en la que se canonizó a Monseñor Romero, junto a seis beatos y beatas más, usó en su indumentaria el cíngulo con manchas de sangre que utilizó Mons. Óscar Romero el día de su asesinato, así como el cáliz, palio y el báculo pastoral del Beato Pablo VI, dos de los nuevos santos de la Iglesia.

A la ceremonia de canonización han asistido las altas autoridades de la Jerarquía Católica de El Salvador, así como el Presidente Salvador Sánchez Cerén y su esposa Doña Margarita de Sánchez.

Opciones para compartir nuestro contenido