Una disculpa, un deseo y un poderoso sentimiento

¿Por qué pensaba en un futuro que era incierto, si cada día que vivía lo hacía sin pensar en el día de su muerte?

 

 

 

 

Por: Elsy Ch./Foto: Pixabay.

– Ahí está Marcos, vamos a saludarlo, dijo Teresa.

Días atrás, Teresa le había contado a Claudia que tenía un amigo que le parecía atractivo, pero que era solamente eso, pues ella estaba interesada en otro muchacho, que era su amor no correspondido y aunque tenía razones para que le gustara, pues era inteligente, de ojos claros y bastante alto; a Claudia no le parecía gran cosa, pues consideraba que era un desperdicio que estuvieran unos ojos tan bellos y claros en un rostro que a su parecer no era hermoso; pero bueno, pensaba: “cada quien con sus gustos”.

Teresa, Claudia y dos más de sus compañeras, entraron juntas a la cafetería y se aproximaron a la mesa donde Marcos se encontraba.

Claudia… días después, a su hermana Jessica, le comentaba:

– Cuando lo encontré estaba ahí sentado, con un libro en las manos, sus grandes ojos se escondían tras sus gafas, parecía absorto, mis amigas y yo nos acercamos y él seguía completamente concentrado. Teresa lo saludó y él apenas levantó la vista y después de un saludo cordial y de ser presentados, sus palabras eran fluidas pero solo conversaba con mi amiga, no con el resto y apenas sonreía, debo decir que me cautivó su apariencia seria e intelectual, aunque pronto descubrí que de seria no tenía nada; A las demás ni siquiera nos miró después de saludarnos y yo ahí sentada, detenidamente le observaba, pues estaba corroborando lo que dijo Teresa sobre lo atractivo que era.

Así fue, él sentado en aquel lugar, absorto en palabras escritas, un pequeño saludo y llamó por completo mi atención. Las gafas le quedaban bien, al igual que su sonrisa, sus dientes perfectos y sus labios delgados, sus ojos tan grandes y expresivos y sus pestañas rizadas, bastó verle sonreír un poco y aquel día se sintió iluminado.

– Y después ¿qué pasó?

– Lo vi de manera frecuente, nos reuníamos en grupo, su personalidad era alegre, siempre estaba haciéndome reír, no dejaba de mirarme y llego a tomar mi mano y a besarme; tú sabes que yo soy tranquila y serena, melancólica y a veces triste, pero él, alegre, bromista, sonriente, sentía que perfectamente me complementaba. Sí que sabía socializar, tocar guitarra y cantar, me conquistó con sus detalles en apenas cuatro semanas, es inteligente y buen deportista.

– Y entonces ¿qué ha sido de ustedes?

– Pues antes que mi amor siguiera floreciendo lo maté… si, lo maté porque dejé de corresponder sus miradas, sus sonrisas, sus besos, porque decidí no alimentar su ego, pienso ¿qué caso tiene conocer y amar, si al final las personas que amamos siempre se marcharán?

– Puede que al final siempre se marchen, pero si disfrutas ahora que lo tienes, vivirás con él momentos que nadie podrá quitarte, así es el amor; se arriesga sin saber si se va a ganar o a perder, pero si das todo de ti cada día, aunque tus seres amados se vayan, al final, siempre estarás satisfecha y tendrás tranquila tu conciencia.

Claudia reconoció que su hermana tenía razón, ¿por qué pensaba en un futuro que era incierto, si cada día que vivía lo hacía sin pensar en el día de su muerte?

Lo único que tenía en sus manos era el hoy. Y en el hoy podía hacer muchas cosas.

Corrió a casa de Marcos, al llegar tocó a la puerta, él se asomó por la ventana y su sonrisa fue un poco fingida y desfigurada.

Claudia sabía que era su culpa; cuando él abrió, Claudia con sus manos al frente, sostenía para él una carta y en su sobre decorado estaban plasmadas las palabras: lo siento, quiero estar contigo y te amo.

Marcos se sentía conmovido, no tenía idea de lo bien que en una relación podían hacer esas pocas palabras, se acercó a ella y fuertemente la abrazó, no sabían cuánto tiempo estarían juntos, si durarían o no, no sabían que les deparaba el destino, pero sí sabían que cuando se ama a una persona, vale la pena correr el riesgo y recorrer la distancia que sea en el viaje de lo que llamamos vida.

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