Un pedacito de Izalco en San Salvador

Izalco

Ana Gabriela González es una joven comerciante de San Salvador, que ha seguido los pasos de su abuela; desde noviembre hasta el fin de año se dedica a vender todo tipo de productos que hagan alusión a la Navidad.

Fotos: Periódico Equilibrium.

Izalco ha hecho acto de presencia en una esquina inmediata al Centro de Rehabilitación para Personas Ciegas para darse a conocer ante la población capitalina, a la cual le ofrece una variedad de productos elaborados con materia prima que se encuentra a montones en el campo.izalco2

El ingenio de los izalqueños se manifiesta en los famosos venados de zacate de conejo con ramas caprichosas que bien simulan la cornamenta de los animales que ven pasar a cuanta persona pueden suplicantes para que los lleven a casa.

Y allí está Ana Gabriela, atenta con sus ojos verdad para atrapar a un cliente que pregunta no solo por los venados, los trineos y las casitas de paja que simulan el lugar donde nació Jesús, sino también por las luces multicolores que casi se enredan en los cuernos de la fauna que los rodea.

Pero estar ahí, seduciendo al gusto de la clientela y espantando al grinch de la Navidad, tiene su precio. Por cada puesto de escasos metros cuadrados, Ana Gabriela le paga a la municipalidad un poco más de 23 dólares mientras dure la temporada navideña. Y Tiene tres puestos que, en la medida que va llegando Navidad, se va reduciendo hasta quedarse con el mínimo de animales y otras artesanías.izalco3

“Tengo seis años de estar en esta esquina, pero esto lo empezó a vender mi abuela cuando yo tenía siete años y ahora tengo 28.” La abuela, ahora de 64 años, vendía en el Parque Gerardo Barrios zacate, pellejo, musgo, ramas de pinabeto natural; el pinabeto ya no se puede porque es prohibido deforestas, dice.

Los artesanos de Izalco usan zacate, bambú, bejuco, rescobilla y pita o nylon. Ana Gabriela vive de esta venta y en el resto del año vende toda variedad de jugos y licuados en la zona de Don Rúa.

Mientras tanto, Izalco sigue presente en diversos rincones de la ciudad capital, gracias a que personas como Ana Gabriela compran esas artesanías para revenderlas y así, obtener ingresos que las ayuden a vivir.

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