Solo por decisión

Vamos afuera, encontremos a esas personas buenas que quieren seguir amando, seamos una de ellas, ¡vamos! Así disfrutaremos del camino y seguiremos cantando.

Por: Licda. Elsy Ch./Foto: Pixabay.

Se había aislado del mundo, sentía que salir y compartir su preciado tiempo con otras personas no valía la pena el riesgo.

Sí, el riesgo de ser rechazado, el riesgo de que alguien le conociera lo suficiente como para cansarse de él y abandonarlo, como para conocer sus defectos que siembre minimizarían al principio y agrandarían después, defectos que después de parecerles graciosos, solo serían causa de enfado, ello sin importar de qué tamaño fueran.

Siempre terminaría cansando a quienes le fueran cercanos; se sentía solo y su soledad quemaba, quemaba porque en lugar de llevarlo a amarse a sí mismo, solo podía sentir desprecio y no sabía por qué, no lo entendía; trataba de hacerlo pero no estaba seguro de sus conclusiones.

¿Sería que se castigaba por no haber sido capaz de hacer que alguien lo amara?, ¿sería porque se miraba con los ojos de desprecio que lo vieron las personas que él aún amaba?, ¿sería porque se sentía culpable del fracaso de sus relaciones o que se castigaba por todos sus errores?… ¡Quién sabe! consideraba que debía pensar más para encontrar la verdadera razón o decidir cuál de las pensadas era la acertada.

Camilo se dedicó durante un tiempo a vivir en la soledad de su hogar, pues sus muros le parecían una fortaleza y ese espacio muy seguro, pues nadie sin su consentimiento lo podía penetrar, pero con el pasar de los días su soledad se endureció como piedra y sobre su espalda cansada ya era mucho peso, pero ¿qué ser humano es capaz de vivir aislado para siempre? Obviamente ninguno, pues somos seres sociales.

Así que Camilo se dijo: ¡Bien! saldré de mi escondite, vamos a ver que encontramos en el camino, ya no usaré los muros de mi casa como protección, pero he construido unos más altos que no dejarán a nadie entrar en mi corazón, ¡bien! Vamos a hacer relaciones superficiales, donde todos se satisfacen con fingir una sonrisa de lado a lado, que descubre sus dientes.

Vamos a pretender que les creo cuando fingen preocuparse por mí, seamos payasos en este gran circo donde se evita pensar en lo que es, en lo que somos y por qué lo somos, en qué debemos hacer y no y qué debemos cambiar o no, vamos a pretender que todo está bien, que no pasa nada, que no somos nada, vamos a vivir la vida que nos queda y simplemente esperar hasta morir, si es que puede decirse que aún no he muerto.

Camilo se reencontró con sus “amigos”, sus “hermanos”, no con sus padres pues siendo pequeño le abandonaron, mantuvo por un tiempo relaciones superficiales, aceptó invitaciones para beber una taza de café, una cerveza, invitaciones para ir a bailar, podía darse cuenta que en todas sus interacciones sus “conocidos”, “amigos” y “familiares” tenían llenas sus conversaciones de trivialidades y críticas hacia los demás.

Fingiría que escuchaba, pero sus oídos comenzaron a llenarse de mucho material inservible; pretendía no ser obvio, pero sus expresiones lo eran y cuando reía, solo podía dibujarse en su cara una sonrisa desfigurada que incomodaba a su emisor, aunque eso no duraba mucho tiempo pues, con la práctica, había aprendido a cambiar de forma inmediata el tema de conversación hacia uno en el que esa persona estuviera interesada.

Pero poco a poco su ser interior se iba ablandando, el calor humano estaba entibiando su frialdad, el muro de hielo levantado por años se iba derritiendo sin que se diera cuenta, con el tiempo empezaron a hacerse notorias en su vida, aquellas personas que realmente se interesaban en él, su corazón fue cediendo a la mágica fuerza del amor, amigos que no le abandonaban en circunstancias difíciles, hermanos que compartían su dolor y así fue que su alma se iba sintiendo llena y empezó a devolver el amor, el amor se convirtió en relaciones de recíproca empatía, apoyo, lealtad y solidaridad.

Así como Camilo a veces nos aislamos del mundo, porque el mundo es cruel y en repetidas ocasiones nos tortura con su despiadada frialdad a manos de personas que igual que nosotros han sido lastimadas pero no supieron manejarlo y es entonces cuando pensamos que nadie, ni siquiera nosotros valemos la pena, que no existe el amor, que el amor está muerto y el dolor solo está disfrazado de enamoramiento.

Y al cabo de dos o tres años su disfraz cae al suelo y nos penetra profundamente como daga en el corazón, en nuestro ser, en nuestra alma, y es entonces cuando pensamos que la vida no tiene sentido y menos lo tiene la humanidad que se ha encargado de destruirlo todo a su paso, haciendo cada vez de este mundo algo peor.

Pero no debemos tener miedo de salir, de amar y de luchar, de vivir y de cantar, pues está dentro de nuestra naturaleza el deseo de amar y ser amados y dejarnos vencer por el desamor es causa de nuestra infelicidad; piensa que siempre hay alguien que te tenderá la mano, alguien que te de un sincero abrazo, que cuando todo se ponga difícil no te abandone, que crea y ponga su fe en ti cualquiera que sean las circunstancias; recuerda que hasta en la naturaleza siempre vuelve a salir el sol, a veces tarda, pero siempre sale.

Así que ven, dame tu mano, vamos afuera, encontremos a esas personas buenas que quieren seguir amando, seamos una de ellas, ¡vamos! Así disfrutaremos del camino y seguiremos cantando.

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