Saúl López, la migración expresada en su pincel

El pasado viernes, La Casona del Centro Comercial Galerías inauguró la exposición del artista bajo el nombre de “Reseñas”, que se mantendrá abierta hasta el 19 de agosto.

 

Fotos: Periódico Equilibrium.

Cuando Saúl López tenía 15 años, aún vivía en su natal El Rosario, un municipio de La Paz que ha visto nacer en los últimos años a artistas provenientes de las comunidades. A esa edad decidió emigrar para resguardar su vida.

Era la década de los 80, cuando la vida en El Salvador era despreciada a granel. Eran momentos convulsos por la guerra civil que finalmente terminó, pero que tiene como hijos a miles de desplazados que optaron por dejar su tierra o salir de los lugares más conflictivos hacia ciudades o pueblos “más seguros”.

Pero Saúl no se fue con las manos ni el corazón vacíos, se llevó consigo su habilidad de dibujar y una vez en una tierra extraña, en Nueva York, con una cultura y un lenguaje desconocidos, sacó a relucir su amor por el pincel y la pintura.

Este hombre que fácilmente arrastra sobre sus espaldas unas cinco décadas ahora ha decidido mostrar a su gente, en El Salvador, parte de sus obras de arte que encierra una historia real: la migración.

El Torito, tradición pirotécnica.

Es su historia, es su vida, es una experiencia que no es muy diferente a la de miles de emigrantes que se fueron, que dejaron todo, pero que nunca olvidaron sus raíces.

Por ello, su historia migratoria en las pinturas que desde el viernes 19 de julio, y durante un mes, se exponen en La Casona del Centro Comercial Galerías, en San Salvador, empieza con el recuerdo de aquellos octubres elevando piscuchas, lanzando un trompo en la tierra color de nuestra piel salvadoreña o deslizando un yoyo pendiente de un hilo amarrado en el dedo índice.

La madre que sufre la partida de un hijo.

Su historia continúa con las tradiciones propias de los pueblos: El torito, una especie de armazón de bambú cargado de pólvora que en sus pinturas se sustituye por la imagen propia del animal, encarnado en un cuerpo desnudo femenino, bajo la mirada de los curiosos que nunca faltan.

Después llega la parte sentimental, aquella mujer por demás hermosa que se quedó con el corazón en la mano, pendiente de un hilo de fe que se salió de su ser cuando el hijo se fue. Finalmente, expone en una balanza las ciudades que lleva en su corazón y en su mente: Nueva York y la ciudad de San Salvador, mismas que en su vida pesan igual; una por ser su patria y, la otra, por acogerlo a pesar de haber llegado como un extraño.

Y en medio de todos esos sentimientos, ocurren otros tantos hechos recogidos e inmortalizados en su pintura que refleja la técnica puntillista, desvela las cosas cotidianas de la vida y alimenta los recuerdos del salvadoreño que se fue y que nunca olvidó a su patria, El Salvador.

Para Saúl pesan igual San Salvador que Nueva York.

Este evento ha sido organizado por el colectivo Ix-Yawual de El Salvador (una expresión maya que significa Círculo de la Semilla o Círculo del Jaguar) que, a su vez, es parte del colectivo Ícaro Internacional, radicado en Nueva York.

“Hacemos llegar el arte que surge en las comunidades a la ciudad”, resume Herber Orellana, uno de los miembros del colectivo salvadoreño quien destaca que Saúl López es autodidacta, nunca tuvo un maestro ni una escuela, pero logró usar el pincel con el que practicó y practica el puntillismo figurativo como técnica, para abordar la temática costumbrista.

Estampa de El Rosario, de los años 70.

El artista pinta un poco de todo, desde lo surreal hasta los mitos o los recuerdos que quedaron en su memoria, del lugar donde nació y vivió su infancia.

Una pintura de López, por ejemplo, refleja el río caudaloso que él recuerda y que ahora es una quebrada; pero prefiere pintarlo como era, con abundante agua y con cascadas, con la presencia de torogoces que abundaban en la zona. En su imaginación, hace salir el río de un tecomate.

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