Reciclaje inclusivo, motor de la economía circular

La lucha de recicladores urbanos empezó como una tarea marginal casi ocho décadas atrás, hoy en día ha evolucionado en grupos organizados, cooperativas y gremios.

Por: Inncontext/Foto: Pixabay.

América Latina tiene todavía un largo camino por recorrer en materia de gestión integral de residuos. Mientras las ciudades se expanden y la población y el consumo crecen, también aumenta la cantidad de residuos que se generan.

Hoy en día, casi la mitad de los residuos de la región se disponen en basurales a cielo abierto, generando enormes problemas ambientales y riesgos a la salud humana. Según un estudio del Banco de Desarrollo de América Latina, en la región los residuos municipales corresponden a cerca del 12 % de la generación global (160 millones de toneladas). El promedio regional de generación per cápita de residuos sólidos domiciliarios (RSD: de origen exclusivamente residencial, generados por la actividad humana dentro de la vivienda) es de 0,6 kg/hab/día y de residuos sólidos urbanos.

Solo dos de cada cien ciudades tienen programas formales de reciclaje, e incluso en esas ciudades, el funcionamiento de dichos sistemas es deficiente y se recupera apenas una pequeña fracción de los residuos potencialmente reciclables.

El grueso de los residuos que se reciclan llegan a la industria a partir del trabajo que realizan alrededor de dos millones de personas recicladoras informales que trabajan en las calles de las ciudades y en los basurales de toda la región.

Con su trabajo, no solamente disminuyen la cantidad de desechos que se disponen en basurales y rellenos sanitarios, sino que además generan un flujo de insumos para la industria que disminuye la presión sobre los ecosistemas por la extracción de recursos naturales.

Además, crean una fuente de empleo para sí mismas y para otras miles de personas trabajadoras de la industria del reciclaje y mejoran los presupuestos municipales al reducir los costos de la gestión de residuos.

Esta población conforma un sector que históricamente se ha trazado camino a pulmón entre un mar de dificultades: la pobreza, la marginalidad, el rechazo social, las condiciones de inseguridad y la falta de políticas públicas que reconozcan su trabajo. Sin embargo, prestan un servicio ambiental y social que hoy es indispensable para la sostenibilidad de toda ciudad, y representan una oportunidad para estructurar Sistemas de Reciclaje Inclusivo regionales y avanzar hacia el desarrollo de una economía circular.

Para esto, es necesario formalizar su trabajo en el marco de los sistemas de gestión de residuos, dotarlo de las condiciones, recursos y herramientas necesarias para profesionalizar su actividad y que sea reconocida como el servicio ambiental y social que es.

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