OPINIÓN: Sus Asesinos, nuestros héroes. Sus héroes, nuestros asesinos

Reflexiono en esto luego de leer la entrevista a una ciudadana hondureña, quien en julio de 1969 era una niña y, junto a su padre, madre y hermanos, se movían huyendo de la invasión salvadoreña; en Honduras, cuenta, se encontraron con la tropa del General Jorge Alberto Medrano.

 

 

 

Por: Carlos Minero.

En toda guerra, los asesinos de un bando son los héroes del otro y, en consecuencia, del otro lado ocurre lo contrario, los héroes del otro bando, son los asesinos del uno.

Ocurrió en la antigua Yugoslavia, que en su desintegración acumuló tanta sangre… antes había sucedido en la Segunda Guerra Mundial, cada país tuvo sus héroes que en mayor o menor medida, fueron los asesinos de sus contrarios y así, en cada guerra surgen héroes de unos que son asesinos de otros y será al contrario en el otro bando.

Tenía razón Orwell al escribir que “la historia la escriben los vencedores”, pero más razón tiene la escritora española Carla Montero que cierra magistralmente la frase: “…pero el tiempo da voz a los vencidos», y es que más tarde o más temprano, la historia será historia, estará escrita por historiadores profesionales e imparciales, será finalmente objetiva, y hará realidad aquello de que “La historia no es historia a menos que sea la verdad”.

Cuando eso ocurra en El Salvador, nosotros (esperemos), habremos madurado lo suficiente como seres humanos para comprender que cuando nos volvemos fanáticos y cerramos la puertas al conocimiento, nos convertimos en un peligro para el resto de la humanidad, porque nos creemos enviados de dios o incluso, dios mismo, convirtiéndonos en asesinos de los otros, con la esperanza de ser héroe de algunos.

Reflexiono en esto luego de leer la entrevista a una ciudadana hondureña, quien en julio de 1969 era una niña y, junto a su padre, madre y hermanos se movían huyendo de la invasión salvadoreña a Honduras, cuenta que se encontraron con la tropa del General Jorge Alberto Medrano (director de la Guardia Nacional que combatía al frente de sus guardias), los detuvieron, fueron entrevistados para definir su nacionalidad: hondureños se mueren, salvadoreños sobreviven…

Pero su papá sabía mucho de El Salvador y se hicieron pasar por tales, entonces el general en persona, le preguntó cómo era la torre de San Vicente, el detenido sacó de su pantalón una postal de la torre, eso les salvó la vida.

El general, les puso guardias para que llegaran con bien a El Salvador, huyendo de la “barbarie catracha”, en el camino convencieron a los guardaespaldas para que les dejaran caminar solos, indicando que ya conocían el camino y así, pudieron seguir en su patria: Honduras.

Así son las guerras, pero las internas como la Yugoslava y la nuestra, son peores, dejan dolores latentes entre conciudadanos, un botón de muestra: la alegría y el enojo que causó en sectores de la sociedad la eliminación (al menos de la pared), del nombre de la tercera brigada de infantería en San Miguel.

En El Salvador tenemos heridas que curar, y solo será posible en la medida en que estudiemos la historia nacional de manera objetiva, sin pasiones, sin facciones, objetivamente.

Conocer y estudiar la historia nacional, es indispensable para superar el odio, la desconfianza… esto es un reto para un gobierno interesado en superar el subdesarrollo, pero sobre todo, es un reto y responsabilidad para cada ciudadano salvadoreño interesado en no repetir errores pasados.

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