Mario Calero: “Aún me duele mi Chalatenango”

Un compatriota que migró hacia Estados Unidos de forma ilegal, está triunfando con dos de sus iniciativas; añora volver, pero mientras tanto gestiona ayuda para ayudar a gente pobre de su pueblo.

Fotos: Cortesía.

Era septiembre de 2008 cuando aquella imagen de su pueblo se iba alejando dramáticamente de sus ojos, más no de su corazón. “Me dolió dejar mi pueblo, la familia, las amistades”.

Lo dijo así, porque Mario no salió del país por ambición. Más bien lo que sabe hacer, dibujar y locutar, le daría la misma satisfacción que ha encontrado en Nueva Jersey si tan solo en El Salvador, en su Chalatenango natal, hubiese condiciones adecuadas. Pero no.

Por eso y porque El Salvador tiene un grave problema de seguridad y de economía, Mario y muchas personas más, han tenido que migrar. Por eso, aún le duele su Chalatenango.

Y mientras estuvo en su pueblo original, Mario laboró en tres radios locales haciendo locución y, por otro lado, dibujando como hobby.

Al migrar, Mario descubrió que su hobby podía ser más que eso, incluso el futuro de su vida. Se radicó en Nueva Jersey, donde ahora trabaja en una fábrica recicladora de vidrio, pero su apuesta también va sobre una iniciativa original llamada Calecatura.

Combinación de uno de sus apellidos con la palabra caricatura, Calecatura es una forma gráfica y humorística de reflejar específicamente la cotidianeidad de El Salvador.

Así, Mario Calero trata de vencer el dolor de dejar a su Patria, recordándola constantemente a partir de los hechos que la afectan; exalta generalmente hechos positivos, con ideas divorciadas de la violencia.

Esas calecaturas son plasmadas en prendas de vestir o en tazas, por ejemplo, productos que son muy bien recibidos por compatriotas que añoran a su país.

“No hago (caricaturas) políticas porque la gente cree que uno es de una u otra tendencia ideológica, entonces opté por la humorística, de la vida cotidiana, hablar de los ‘nortazos’ (por ejemplo), con lo cual se cuenta lo que sucede en El Salvador y lo hago en el tiempo oportuno”.

Este trabajo está recopilado en una fan page en las redes sociales con el nombre de Calecaturas, en donde se expresa sin censura el lenguaje propio de la población, sus signos, señas, productos nostálgicos y más, que reciben comentarios de aceptación.

Calecaturas ya está patentada en Estados Unidos y el siguiente paso que Mario quiere dar es la creación de la página que le ayude a vender sus productos en línea.

A esta iniciativa se suma el proyecto “Mario Calero Radio”, con contenido variado que también hace alusión a costumbres propias de la población salvadoreña.

“Dicen que este es el único programa donde solo hablamos tonteras”, anima Calero en un de sus programas que se transmite en la noche de los días lunes, miércoles y viernes, desde un estudio instalado en su propia casa.

El retorno

Reconocimientos Mario Calero recibió en 2018 tres reconocimientos: en agosto le entregaron el primero llamado Premios al Talento Real, entregado por una institución que reconoce el trabajo independiente de compatriotas en el exterior. En octubre, el Consulado de Virginia, le entregó una placa de reconocimiento por el trabajo que ha hecho en sus dos iniciativas. Desde hace dos años, ha gestionado ayuda para favorecer a personas que habitan Chalatenango en condiciones de extrema pobreza, por lo cual también recibió su tercer reconocimiento.

La seguridad es una de esas cosas que vulneran tanto la vida en El Salvador, pero este compatriota no descarta volver al país. De momento le es imposible por su estatus en el país norteamericano.

Quiere volver, porque se considera parte de la diáspora salvadoreña que cree que hay que hacer algo por el desarrollo de este país en el propio territorio.

El Salvador tiene gente buena y se caracteriza por tener esperanza y ahora “creo que la esperanza de cambio está muy recargada y espero que sea así, yo también lo deseo, aunque nos hemos equivocado en otras ocasiones, pero espero que ahora sea así”, reflexiona.

Y es que su sueño es llegar de nuevo a su natal Chalatenango, para instalar proyectos que generen trabajo de calidad; este deseo le nace al ver la experiencia de la empresa en la que labora, a la cual, al menos siete alcaldías le pagan por recibir desechos de vidrio y luego otra compañía le paga por dotarla de vidrio pulverizado que sirve para hacer nuevos productos.

“Muchos creen que la basura es solo eso, desechos, pero es dinero”, aclara.

Si de él dependiera escogería El Salvador para continuar con sus iniciativas emprendedoras; “si se diera la oportunidad de escoger en donde progresar (regresaría) si allá hubiera oportunidades”

 

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