Los pobres entre la miseria de otros

 

La cola de hambrientos crecía a un lado de la acera bajo el sol sofocan-te. Los vendedores de frutas asoleadas en carretillas, pasaban con sus tomates des-mirriados. Las calles con enormes agujeros, las alcantarillas tapadas…

Por: Dr. Ranulfo Oswaldo Araya Rodas.

SONABA UNA MELODÍA PEGAGOSA DE ACORDEONES Y BOMBOS CON UNA TROMPETA ESTREPITOSA EN UN RADIO DE PILAS, mientras un vendedor de minuta, bailaba y raspaba el hielo con las manos sucias en la acera del hospital .

Una licenciada del laboratorio del área de bacteriología del hospital para personas indigentes esperaba la minuta bajo el toldo de lona verde por el sol lacerante.

La melodía se esparcía con el calor que anunciaba un fuerte aguacero. Los carros paraban según el humor del que los conducía para que pasaran la calle los desahuciados enfermos en busca de la fuente de la salud, pedir más era imposible.

A lo lejos se veía la cruz torcida por uno de los despiadados terremotos en la ermita del hospital, estaba rodeado por arboles de mamey, unos frutos caprichosos que caían de maduros a la media noche; algunos enfermos competían incluso con muletas o con bastones para recogerlos, algunos médicos jóvenes salían también a recoger el desayuno ya que la comida para los médicos era peor que la de los prisioneros. Eran estudiantes hambrientos y fatigados tratando con lo que improvisaban a los que iban a morir, cada enfermo era un gladiador herido con la guadaña de los años o de la pobreza.

Pero esa tarde supimos que llovería, en México había un huracán arrasando con las vacas y los maizales de la costa este, era un huracán despiadado con su nombre de mujer pero sin apellido de casada.

La licenciada que esperaba la minuta, miro sin desdeño que le apelmazaran el hielo molido, pidió jarabe de fresa y tamarindo, la jalea cayó encima del hielo con una abeja hambrienta. Se fue a su área de trabajo chupando el hielo derritiéndose en su boca.

Iba repitiendo algunas palabras de la canción pegajosa que cantaban los alegres cantantes del radio. Otra mujer muy joven raspaba plátanos verdes sobre el aceite hirviendo, tenía a un niño desnudo y sucio, chupando una tajada de plátano dentro de una caja de madera.

Los enfermos entraban mientras otros salían con unas cajas de tabletas, para apaciguar la muerte. Y otros en cajas de pino.

Los basureros estaban cerca de las alcantarillas, en donde iban a descansar los taxistas que esperaban viajes de futuros clientes de las funerarias.

Las vendimias rodeaban las zonas de salida de empleados y pacientes del hospital.

Muy cerca una Universidad rodeada de quioscos para ventas de tortas y choripanes. Los estudiantes y otros que iban de paso se acercaron a la cola de personas para esperar un pan con chorizo y una gaseosa para mitigar el hambre del mediodía.

Entre ellos estábamos nosotros que salimos a ver qué comíamos y despejar la mente del trabajo de galeote en los hospitales.

Armando y yo nos refugiamos bajo unos árboles para comernos los panes de la desgracia y pasarlos con refrescos embotellados.

Un hombre estaba vendiendo peluches a dólar cada uno, estaba cerca de la venta de panes con chorizo, bajo el sol.

La cola de hambrientos crecía a un lado de la acera bajo el sol sofocante.

Los vendedores de frutas asoleadas en carretillas pasaban con sus tomates desmirriados, guineos pasados de maduros, mandarinas y un sin fin de vendimias de la desgracia y habían muchas personas que compraban, porque estaban ahí, y era más barato que ir al mercado.

Las calles con enormes agujeros, las alcantarillas tapadas por los papeles y bolsas para el agua, restos de platos descartables y un sin fin de basura, charcos de las aguas lluvias, pedazos de vidrios de autos que habían colisionado, se desvanecían pegados a las llantas de los vehículos que pasaban.

Un licenciado estaba vendiendo tortas en un carrito del parque Hula-Hula, y un abogado manejando un taxi. No menospreciando el trabajo pero no había que estudiar leyes para solo conocer el reglamento de tránsito.

Lo que no sabíamos de este abogado es que conducía el taxi por las noches, y cerca de los chupaderos reconocidos, bolseaba a los clientes y los llevaba a sus casas, tocaba la puerta con el borracho a cuestas y decía:

– Aquí traigo a este señor que dice que aquí vive y que ustedes pagaran la cuenta, vengo desde el puerto de a Acajutla.

Pero lo había recogido en la Praviana. Y lo había llevado a la ciudad de Mejicanos. Cierto día vi a ese abogado y estaba temblando de la cruda. Porque también le gustaba el chupe y lo habían amenazado varios clientes que lo siguieron con garrotes y le incendiaron el carro de las malandanzas. Además se supo que se aprovechaba de tergiversar las leyes aprovechar los vacíos enormes para hacer sus chanchullos, había vendido una casa, tres veces y los tres dueños habían entrado en conflictos incluso de agarrarse del pelo las señoras y a patada y trompada los señores.

Un taxista que intervino salió directo al hospital por un navajazo que le tiro una mujer muy musculosa y fea que terminó siendo un trasvestido que iba pasando, de manera que se armo una trifulca frente al Palacio Nacional, tan multitudinaria que hasta los vendedores de periódicos y verduleros fueron a ver si daban un golpe, el ejército no quiso intervenir hasta que disminuyera el número de bochincheros, llegaron bomberos y camiones para retirar los heridos. Los almacenes cerraron las cortinas.

Un vendedor de minutas dijo:

– Esto de peleas entre esta gente es por la pobreza de dinero, de espíritu y sobretodo de educación.

Pero el desmadre seguía y se iban calentando los ánimos de otros que se contagiaron de la peste del jaleo.

-Este fenómeno se debe a que la gente no se congrega en las iglesias, dijo un cura, que estaba mirando mientras tomaba una taza de té.

Un rabino dijo:

– Estas peleas son naturales por la búsqueda de un solo Dios.

Pero también estaba un ateo:

– Estas broncas son debido a la mezcla de razas desde los criollos, nativos y otros de origen africano y la proliferación de la mezcolanza hace que los genes se truequen en sangre de gallo de pelea entre los humanos, es natural y siempre gana el más fuerte o más inteligente como los que contemplamos los cambios de la naturaleza.
Las discordias entre los que saben tener y mantener su dinero y de los que no teniendo nada quieren quitárselo hasta a su propia madre, no digamos a sus congéneres sin rasgos de sangre en común-.

El pleito paró por cansancio y por hambre a los tres días, porque hasta los políticos habían ido a buscar votos entre los bandos, habían repartido camisetas a favor del abogado y otros a favor de los tres dueños de la casa, otros a favor de los que estaban en contra del abogado y de los tres dueños.

Habían ventas de comidas de fiestas patronales porque alguien dijo que se iba a celebrar el día de los aprovechados porque ese faltaba en el calendario. Y las vendimias se diseminaron incluso con falsificaciones de camisetas.

Y cuentan que aún siguen celebrando tres semanas de desmadre cada año en el mismo lugar y por el mismo pleito del maldito dinero, de los intereses por quedarse con lo del otro y ese país está muy cerca, dicen que algunos científicos y sociólogos que identificaron una depravación más del ser humano.

Celebrando los días de la violencia, con el peligro de volverse un mal endémico y epidémico.

Y que un grupo observador europeo dijo que la única vacuna era de plomo.

Hubo enorme escasez de ese metal y tuvieron que hacer una cura como en los viejos tiempos: a garrotazos y pedradas.

El ateo, el cura y el rabino se encontraron y reconsideraron sus ideas, llegando a la conclusión que los países pobres son imitaciones burdas de lo que hacen los otros países no pobres y que eso de la libre determinación de los pueblos es pura manteca de piedra, que Dios no podría estar metido en este tipo de jaleos porque suficiente tiene en estar en diferencias con Mefistófeles.

Y si Dios apenas existe solo durante los tres periodos vacacionales en donde todo un pueblo se libera del trabajo para hacer tiempo de vacacionar y embriagarse o hacer todo lo que un devoto no haría.

Como en Navidad cuando hasta el más pobre se gasta todo en licor y algunas gallinas en salsa y los miserables salen a buscar en los basureros y sentirse parte del jolgorio. Así es el calor humano en el país de la calle sexta-décima.

Y donde muchos pobres llegan a comer a los portales una comida al día, porque hoy es hoy y mañana es probable que se celebre el día del ateo armado de garrote, a cómo vamos.

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