Los juegos de antaño que hacen zumbar… los recuerdos

Pasan las horas, tiro tras tiro, zumbido tras zumbido, hasta que la noche se apodera del ambiente y todos regresan a sus casas tan cercanas como su amistad.

Por: Gregorio Morán.

Un breve recorrido por el caserío Las Cureñas, del cantón Los Toles, en Ahuachapán, para disfrutar de la campiña y de una suculenta sopa de gallina india, también sirvió para observar que la juventud campesina aún se dedica a uno de los juegos más antiguos que posiblemente datan de la década de los 70, sino es que de antes: el trompo.

Un poco forzados probablemente por la pobreza, aunque la tecnología de alguna manera está presente, un grupo de jóvenes, niños y adolescentes, mostró a Periódico Equilibrium cómo se divierten en los amplios patrios de sus casas o en los solares inmediatos.

Cuando los últimos rayos del sol forzaban a la tarde para desvanecerla, nos bajamos del vehículo para conversar con los muchachos.

Nos contaron que estaban “jugando a los miches”; se trata de una especie de castigo que recibe el dueño del trompo que es sacado de un círculo que por la revuelta del grupo se vuelve casi imaginario.

El joven se apresta a lanzar su lapidario golpe

Los cordeles hacen zumbar a los trompos en el aire, cuando por un movimiento rápido se liberan y caen girando a gran velocidad buscando el otro trompo colocado en el centro del círculo sobre el suelo.

Las carcajadas son inevitables cuando por fin uno de los lanzadores logra impactar al trompo que es carnada y entonces se inicia el castigo: “¡Uno! ¡dos! ¡tres!, ¡Uno! ¡dos! ¡tres!, ¡Uno! ¡dos! ¡tres!” gritan mientras pasa uno a uno para destrozar el objeto de madera que, si tiene suerte, sobrevive y sigue en el juego.

Rara vez ocurre esto porque el trompo queda tan agujereado que es difícil que un hilo generoso lo envuelva de nuevo para hacerlo girar.

Y así pasan las horas, tiro tras tiro, zumbido tras zumbido, hasta que la noche se apodera del ambiente y todos regresan a sus casas tan cercanas como la amistad misma del grupo que se ha divertido, interactuando entre sí, venciendo a la lejanía de la que es víctima la juventud de las ciudades, que dedican horas y horas a sus teléfonos inteligentes ignorando que hay diversiones como la que da el trompo y sus “miches”.

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