Las casas de cabecillas y los escondites de sus proveedores

A la izquierda, lugar donde se resguardan los operativos de los grupos delictivos; a la derecha, casas de habitación de cabecillas.

Fotos: PNC/Periódico Equilibrium.

Cuando las unidades especiales patrullan las zonas rurales en busca de líderes u operativos de los grupos terroristas, han sido atacados por personas que disparan, huyen y se ocultan, en el mejor de los casos, en casuchas de ladrillo mal diseñadas y desalineadas.

Quizás sea porque necesitan hacer creer que en esas “casas” vive gente extremadamente pobre.

En el peor de los casos, los operativos de estos grupos “viven” bajo “techos” improvisados formados por colchas o sábanas viejas, plásticos y con cocinas maltrechas, utensilios inservibles y durmiendo en condiciones deplorables, aunque muchas veces, bien armados.

En otros casos, se resguardan en cuevas, expuestos a picaduras de animales y a enfermedades que difícilmente pueden ser tratadas en hospitales, porque los mismos miembros se han autocensurado, por medidas de seguridad, pues temen que allí sean delatados y las autoridades los capturen.

Así pasan sus días; probablemente no soporten hambre porque están acostumbrados a delinquir para sobrevivir, pero sí, alimentándose de forma inadecuada. Huyen en desbandadas, probablemente utilicen algunas veces bestias y se exponen a la intemperie.

En contraste, sus jefes abordan sus vehículos de lujo, se reúnen a gozar de su cómoda vida, juntándose de vez en cuando en sus suntuosas propiedades, degustando de la mejor cocina, descansando en sus residencias, disfrutando de sus placeres sexuales mediante la mejor compañía femenina y, a lo mejor, esperando las “remesas” encargadas a sus súbalternos.

“Las cuevas de los mareros chocan con el lujo de las residencias de sus cabecillas”, escriben las autoridades de la PNC en un comunicado.

En los últimos meses, los operativos policiales han demostrado el estilo de vida de quienes dirigen a estos grupos delictivos.

No solo obtienen dinero de las extorsiones y otros actos delincuenciales, sino que han establecido negocios de gran rentabilidad.

Una operación especial, por ejemplo, permitió que la Policía cayera por sorpresa en “una fiesta de palabreros… mientras alardeaban de sus privilegios en una zona exclusiva de playa en Acajutla, Sonsonate, hace menos de un mes”, agrega la nota de prensa de la institución.

En una de las tantas residencias intervenidas durante la operación Tecana, otro ejemplo de acción exitosa de las autoridades, los investigadores, acompañados de unidades élite de la PNC, localizaron una caja fuerte con cerca de $10,000. Además, esa vivienda contaba con un gimnasio, juegos de mesa y chimenea.

“Otros detalles con los que contaban las casas de los cabecillas aprehendidos son techos de lozas decoradas, cocheras con capacidad para varios automóviles, piscinas, junto con vehículos de modelo reciente y motocicletas de alta cilindrada”.

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