La pregunta es ¿Para qué?

Las palabras de la niña no fueron consoladoras para sus padres, pero ellos estaban im-presiona-dos de la sabiduría que encerraban, ahora su mente estaba abierta a encontrar la respuesta.

Por: Licda. Elsy Ch.

María era una hermosa niña consentida por sus padres, había nacido con mucha suerte, pues además de su belleza era una alumna ejemplar, tenía las mejores calificaciones en toda la escuela, era de conducta admirable y siempre estaba pendiente de los demás, por todas esas cualidades hacía sentir muy orgullosos a sus padres; todo para ella marchaba muy bien, hasta que a la edad de quince años le fue descubierta una enfermedad terminal… cáncer.

Sus padres y todos sus familiares estaban confundidos, ¿cómo podía sucederle esto a una niña llena de tantas virtudes?, ¿cómo alguien tan buena y admirable podía ser víctima de tanto dolor?

Tantas personas malvadas y sin corazón que hay en este mundo, que no se conmueven ante las dificultades de los demás, ni tienen misericordia de otros y pueden andar bien por ahí y María tenía que estar postrada en esa cama con semejante enfermedad ¿Qué pasa con este mundo, cómo es eso posible?.

Sus padres estaban desolados, no había palabra que les infundiera consuelo o esperanza, para ellos todos los consejos y opiniones solo eran simples palabras, pues nadie podía entender su dolor.

La madre constantemente preguntaba a su esposo:

– ¿Qué es esto? no comprendo ¿Si Dios ama al ser humano porqué permite esto?, ¿cómo puede encontrarse a Dios en el dolor?, ¿Acaso el dolor no es una muestra de que Dios nos ha abandonado? ¿Por qué a mi hija tiene que pasarle esto? ¿Por qué?

El padre solo callaba, no sabía la respuesta y por más que él también la había buscado, no había podido encontrarla, guardaba silencio porque no sabía cómo consolar a su esposa cuando él también se sentía destrozado.

La madre sollozaba, pues su dolor era profundo como si le arrebataran el alma, las palabras del médico dando aquella horrible noticia habían traspasado su corazón.

La niña estaba en cama, su cáncer no podía tratarse pues ya había invadido diferentes partes de su cuerpo, veía a sus padres que tenían sus ojos llenos de lágrimas, quería ser fuerte para que ellos no lloraran más, quería darles ánimos y agradecerles por todo su amor y cuidados, por estar ahí siempre que los necesitó, aproximó a ellos sus manos para que las sostuvieran y viéndoles amorosamente les dijo:

– La pregunta no es ¿por qué? Es ¿para qué?

Sus padres abrieron más los ojos y la veían llenos de admiración. La niña continuó:

– La confusión, no comprender las cosas que pasan mata la fe; solo piensen, si ustedes que solo fueron un instrumento para que yo fuera creada me aman tanto y no permitirían que nada malo me ocurriera ¿cómo es que Dios que me diseñó y me formó así como soy, que me ama más que ustedes podría permitir que me sucediera algo malo? Madre, la pregunta no es porqué Él permite esto, la pregunta es para qué lo permite ¿Qué don, que virtud quiere que adquiramos? Detrás de esa pregunta se encierra el regalo escondido en el dolor. No miren lo que soy ahora, lo que tengo ahora, pues todo esto pasará; para Dios mi cuerpo no es tan valioso como mi alma y a veces el dolor es para purificarla.

Las palabras de la niña no fueron consoladoras para sus padres, pero ellos estaban impresionados de la sabiduría que encerraban, ahora su mente estaba abierta a encontrar la respuesta a esa pregunta… ¿para que? y estaban conscientes que era una respuesta difícil de encontrar; pero quién sabe? si preguntamos a aquel que todo lo conoce, algún día nos puede llegar a ser revelada.

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