La pastorela

Exactamente quince minutos antes de las siete, las voces angelicales iniciaron con los cánticos esperados con ansias: Campanas sobre campanas, los peces en el río hasta terminar con noche de paz.

 

Por: Adán Figueroa/Ilustración: Mely

Todo el mundo había estado pendiente, desde que se dio a conocer y se inscribieran los niños en el nuevo proyecto. Permanecieron ensayando dos veces por semana, desde dos meses antes de su programación.

Eran tres niños y dos niñas los que generaron un público numeroso, constituido casi en su totalidad por familiares y algunos amigos.

Fernando, era el más grande del grupo, a sus casi nueve años se había constituido en el guía, el líder de todos los integrantes que desarrollarían la pastorela y es que su voz, su voz sobresalía armoniosa, placentera, seductora y atraía el cantar de todos sus compañeros, excepto el de Teresita, que tenía cinco años y una voz estridente, ruidosa; gritaba más de lo que cantaba; pero para su madre, cantaba puro angelito y formaba parte del coro celestial que era completado con, Carlos, Alejandro y Gladys.

Por fin, se llegó el día. Todos los preparativos estaban culminando y el escenario estaba listo. El esfuerzo realizado había valido la pena. Tenían todo dispuesto, hasta regalitos para los niños participantes, premios para concursos y un refrigerio suntuoso, digno para los reyes, reinas, príncipes y princesas de la casa.

La presentadora inauguró su evento diciendo: tengan muy buenas noches. Estamos en este día, celebrando con un poco de anticipación, el cumpleaños de Jesús, quien nació allá en Belén o Casa del pan, como se dice en Hebreo.

Ahora, que pronto será navidad, esperamos que ese niño de aquel entonces que viniera a este mundo y que fue crucificado y llamado Jesús de Nazareno, Rey de los Judíos, tenga en esta tierra por castillo, el corazón de todos nosotros y nos ayude a reflexionar y mejorar en nuestro quehacer diario para ser mejores personas y poder convivir en armonía.

Tenemos un pequeño grupo de niños que nos ha preparado unos villancicos alusivos a esta fecha.

La presentadora en sus inicios, no se había percatado de que la voz líder del coro, aún no estaba lista; pues Fernando, tenía otra actividad similar en un centro infantil donde había sido invitado.

Todos los niños estaban muy nerviosos, sabían perfectamente que, sin su guía, era difícil que el coro funcionara. Era una incertidumbre que poco a poco se iba extendiendo con el cuchicheo de los asistentes. Una persona se acercó a la conductora y con una sonrisa tranquilizadora le dio la buena noticia. Fernando ya había ingresado a las instalaciones donde el evento estaba desarrollándose y en unos segundos el coro estaría completo.

Exactamente quince minutos antes de las siete, las voces angelicales iniciaron con los cánticos esperados con ansias: Campanas sobre campanas, los peces en el río hasta terminar con noche de paz.

Todo el mundo estaba en completo silencio, los cinco niños armonizaron sus voces como nunca lo habían hecho; hasta la voz estridente de Teresita adquirió un timbre, una resonancia incomparable. Los aplausos rebotaban jubilosos en todo el salón acompañados de voces y gritos de ánimo para todos los pequeños.

Fue el acto más sobresaliente de toda la pastorela y lo hizo acreditador de premios para todos los niños.

La voz líder y seductora permaneció en silencio, muy triste por un momento. Por uno de esos grandes errores, para él, no había regalito alguno.

Una señora observó lo sucedido y al momento fue a reclamar la injusticia que se estaba cometiendo y moviendo cielo y tierra, obtuvieron el presente, que llevó al final, la sonrisa infantil llena de sencillez, inocencia y espontaneidad que se reflejó en los labios de Fernando, quien dejó escapar para todos los asistentes un ¡FELIZ NAVIDAD!, ¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

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