La anulación ante la represión

autoconocimientoEmociones y sentimientos son lo más sensible del humano. Lo que más protegemos. Nuestro corazón es parte activa dentro de nuestras emociones, sobre todo las relacionadas con nuestros afectos, por los sufrimientos o momentos felices que se viven a lado de quien amamos u odiamos.

Por: Harumi Puertos/Rutas del Alma.

A causa de las experiencias dolorosas que una persona vive, y de la actitud que se tiene ante ellas, una persona puede decidir, conciente o inconscientemente cerrar su corazón. Pensamos que la mejor defensa de nuestros sentimientos es no permitir la entrada a ellos. Con esta actitud, no solo cerramos la puerta al acceso de nuestro corazón, sino también cerramos la salida y la liberación de las emociones dolorosas, quedando encerradas en nuestro interior.

No confiamos en nadie, no expresamos lo que sentimos, no nos involucramos afectivamente con nuestra familia o nuestros compañeros de trabajo, vivimos aislados, fingimos estar de acuerdo por no exponer nuestros puntos de vista.

Si algo nos lastima, nos produce enojo, tristeza, frustración etc., elegimos dejarlo a un lado para no sentirlo anestesiándonos con cualquier otra actividad que nos haga “olvidar” lo sucedido y al no conectarnos nunca con ese dolor, lo mantenemos de manera prolongada en nuestro corazón. A todo esto le llamamos represión, a la facultad de anular nuestra expresión.

La represión emocional se debe dos causas fundamentales:

El miedo a ser lastimados.

El miedo a perder nuestros afectos.

Sabemos que la comunicación es fundamental en cualquier tipo de relación interpersonal pero muy pocos lo llevan a la práctica, porque realmente desconocemos el significado de la palabra comunicación ó expresión, nuestro entorno social y cultural nos ha enseñado que expresar es decir “algo parecido a lo que sentimos, con tacto…” pero hay que tomar en cuenta que “algo parecido a lo que sentimos” y “mucho tacto” puede cambiar el rumbo, la idea o el significado de lo que queremos decir, en este caso, nuestra expresión, puede convertir nuestra verdad, en falsedad.

“Expresarse significa responder en forma adecuada ante las experiencias a través del camino de la verdad”.

Expresar es comunicar nuestros sentimientos, pensamientos o emociones, sin disfrazarlos, en el justo momento en que ocurren los hechos.

Al expresar, liberamos la energía negativa que se alberga en nosotros al sentir una emoción dolorosa. Si en lugar de expresar, reprimimos, esta energía negativa la tendremos guardada por tiempo prolongado, incluso indefinido. Al vivir nuestra vida bajo estos parámetros, nos basamos en una represión continua.

La represión puede llevarnos a vivir en dos extremos, según sean el tipo de vivencias:

La insensibilidad

La hipersensibilidad

Insensibilidad

Al guardar por tiempo prolongado tantas emociones dolorosas e intensas, nuestro corazón y nuestra mente, terminan por bloquear el dolor al grado de que dejamos de sentir. Como consecuencia, y en correspondencia a la Ley de Polaridad, al aniquilar la sensación de dolor, aniquilamos también la sensación de felicidad. Así como dejamos de sentir lo que nos produce sufrimiento, dejamos de sentir lo que nos produce bienestar.

Perdemos los parámetros y desde este punto, es muy fácil perder los límites también, ya que al no sentir, perdemos también la conciencia de cuando nosotros hacemos daño, de cuando nuestras palabras o nuestras acciones pueden lastimar a la gente que nos rodea y a los que amamos, al mismo tiempo, perdemos la facultad de vivir lo que nos puede hacer feliz, dejamos de ver la belleza de la vida, de los detalles perdiéndonos tanto de los bellos momentos como de la felicidad continua.

Hipersensibilidad

Cuando reprimimos, albergamos tanto dolor en nuestro corazón, que es fácil estallar con cualquier detalle, es decir, nos enojamos por lo que no vale la pena, nos hace llorar hasta los anuncios de televisión, la represión nos lleva a la más profunda tristeza y amargura, y si prolongamos este estadio, entonces se somatiza en el cuerpo en varios tipos de enfermedades como los problemas de circulación, infartos o cáncer, como señal que hemos perdido la alegría de vivir.

Es muy fácil vivir reprimiendo porque es lo que hemos aprendido desde niños, toda la sociedad en general, se maneja bajos estos mismos patrones, creemos que es lo normal. Esto aunado a nuestras experiencias de vida, nos hace crear un gran caparazón alrededor de nuestro corazón como un intento de proteger lo que consideramos más sagrado: Nuestros sentimientos.

La expresión también forma parte de nuestra verdad. Reprimir es mentir, es aparentar “que no pasa nada” cuando realmente llevamos un infierno dentro.

Cuando tomamos conciencia del significado de la verdad y la libertad que nos brinda la expresión, entonces aprendemos que la vida no es tan difícil como nos lo han hecho creer y que lejos de correr algún peligro al exponer nuestros pensamientos, se convierte en protección.

El proceso de la expresión

Empezar a acostumbrarnos a decir lo que nos nace del corazón puede llevar tiempo, y el hacerlo, te llevará a enfrentar muchas cosas, por ejemplo, te darás cuenta de todo lo que has desperdiciado albergando dolor, cuando es posible vivir sin el. Te darás cuenta que nadie tiene el poder de dañarte, a menos que tu mismo le des ese poder.

Te darás cuenta que el resentimiento no es un escudo de protección sino una arma de destrucción y auto-destrucción, y que el único escudo que nos protege y libera es el amor.

Para empezar a actuar bajo una actitud diferente y opuesta a la que siempre hemos llevado, es necesario seguir un proceso:

Buscar la verdad en nuestro interior, reconocer y aceptar la esencia de lo que estamos sintiendo.

Expresar tus sentimientos con precisión y siempre de una manera constructiva.

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