Hablemos de Nibiru o Hercólubus

HERCOLUBUS

El tan temido caos por saberse desnudos e ignorantes y mentirosos, puede ser aplacado con la bondad, el amor; continuando con el arte y respetando el mundo que nos rodea, con sus aguas cristalinas y compartiendo con sabiduría.

 

Por: Dr Ranulfo Oswaldo Araya Rodas.

Ilustración: Ulises Palacios.

-“Ya vienen” gritó una vieja canosa y despeinada que iba agarrando a un niño mugriento y con un canasto vendiendo verduras. No le creímos. Pero era cierto, ya venían.

Tres mil años después de su anunciada presencia en el espacio sideral y sus garabatos que ellos nunca hicieron, sino los que los vieron venir y les entregaron a sus doncellas para aparearse.

En realidad no eran muy diferentes a nuestra anatomía pues a imagen de ellos fuimos hechos. Tenían cabezas enormes y manos finas como de pianistas, vestían de blanco de manta fina y dominaban todos los dialectos e idiomas del universo; con la diferencia de millones de años de inteligencia adelante de nosotros y la clonación y las enfermedades eran lo más primitivo de su historia de la medicina.

Hace unos años un aborigen terrícola muy borracho que estaba fumándose un buen puro de marihuana sentado sobre un saco de frijoles blancos, durante la noche del Bactum el 21 de diciembre del dos mil doce, decía: “allá nos están mirando los muy cabrones, tienen buenas naves, yo los he visto cómo nos miran. Y este calor es por eso, porque ya vienen a invadirnos”.

Tiraba puñados de maíz a la muchedumbre y bailaba como les enseñaron, levantando los brazos y haciendo el candelero alrededor de una fogata inmensa, al son de zumbidos de un enorme caracol y el golpeteo rítmico de unos tambores de cuero de cabras, simbolizando la prosperidad de las cosechas para los descendientes de los Mayas.

Gruñía como el jaguar en celo y movía los pies brincando con los cencerros de los tobillos, era un espectáculo el tipo, hablando en el dialecto de los Lencas enredado por las alucinaciones del cannabis.

En realidad ellos, los nibirinos, trajeron la semilla del maíz y del chile picante a la Tierra, los sorbetes de chorro, las pizzas de queso, los dulces de algodón, los exquisitos pasteles de queso, la carne en alambre, el café y el chocolate , y las papas fritas, además de otras cosas para comer.

Trataron de no dejar muchos vestigios, pero por lástima y nostalgia dejaron sus genes y enseñaron a cultivar el frijol, a escribir en las rocas a falta de papel D I N a cuatro, de tinta usaron el humo, el carbón y la sangre de las salamandras, porque también ellos las trajeron.

Ahí las dejaron a buen resguardo en las selvas del Amazonas del futuro, ahora presente, junto a las anacondas, los enormes caimanes y las pirañas vieron a los nativos con sus genitales. No les importó verlos sin la vergüenza ancestral, sintieron lástima por el estado de ignorancia.

Diseñaron los ríos y la rosa de los vientos porque este planeta no tenía sur entonces, y se pasearon entre uno y otro continente, observando los paisajes vírgenes, selváticos con las aguas puras, las cascadas majestuosas, las selvas diurnas con el sonido de animal contento; vieron los racimos de plátanos rodeados de gorilas, pongolines y mandriles. Los árboles floridos y con frutos de toda clase que ellos trajeron en otras expediciones.

Se extasiaron con los majestuosos jardines con flores muy coloridas y enormes en las montañas de donde ahora está El África y ahí colocaron los apiarios con abejas enormes que, para agarrarlas utilizaban jaulas para cóndor.

Comieron con los Apaches y Navajos, en sus andanzas esteparias montados en caballos pintos, comieron la exquisita carne de búfalo, los felicitaron por vivir errantes como gitanos, porque es la mejor manera de vivir, comiendo el desayuno muy lejos de casa y más si era un enorme filete.

Eso sí, las manzanas y las uvas eran escasas, solo se encontraban en los invernaderos siderales de sus naves, con sus irrigaciones interplanetarias.

Los enormes telescopios y cajas de Pandora, las píldoras y vacunas para todos los microbios alienígenas que trajeron para experimentar con la fauna terrícola, principalmente con las vacas.

Los métodos de sanación agarrados de la mano con las sangrientas guerras desde el origen de las fronteras, era mediante la voluntad propia y en auto curación.

Caminaron sobre las aguas y multiplicaban los objetos con partículas de otros lugares de la actual India, ahí dejaron algunos animales experimentales para ver su comportamiento; en tres años los monos macacos habían cambiado de tamaño y color.

Los elefantes blancos se volvieron negros por el sol, las ratas se escabulleron por los vericuetos más profundos para evitar las cobras. Nunca se había visto tanto desorden animal y humano, que terminaron adorándolos y haciendo templos que los Nibirinos diseñaron.

Era tanto el desorden cuando se fueron para volver después que muchos nombraron a Reyes y reinas de sangre azul como adornos caros, y venerados por la población, incluso hincándose y haciéndoles reverencias y ofrendas con oro puro y ejemplares nativos llevados en vergantines y carabelas através del seguimiento de la historia.

Cosa que ellos habían enseñado propiedades del oro en laboratorios de alquimia en las enormes naves; fue tanto el metal acumulado que una nave con mucho oro y diamantes fue escondida en el lado oscuro de la luna, para evitar que se hicieran más desórdenes en guerras por interés mezquino.

Pero vieron desde el infinito con desdeño las guerras de los mil días, la del Peloponeso y de Las Termópilas, las invasiones de Atila, la Pax Romana y de Aníbal el africano, las cruzadas centenarias…y así hasta llegar a las guerras de los rusos en Crimea y de trincheras de 1914 y las de 1939 con generales con uniformes negros y con naves empíricas llamadas aviones por aves enormes que en vez de huevos tiraban bombas, con el buen sentido del honor y de respeto a las órdenes superiores y lo absurdo del precepto: no matarás.

Y de ahí comenzaron a salir métodos para curar heridas, para progresar en la medicina, porque nunca se le ha dado tiempo a La Paz. A excepción de los Bosquimanos en el kalahari.

Enseñaron a medir adecuadamente el tiempo en todos los puntos cardinales, a vivir con dignidad en casas de piedra en Egipto y en Nazca, ubicaron imágenes de trazos animales que dejaron incluso de un candelabro que no era más que una lámpara con que se alumbraban en las noches y el feliz reloj de tres tiempos en la cintura cósmica de los Mayas; porque hasta eso trajeron: los nombres sin apellido.

El método de medir cuándo sale y se pone el sol en el observatorio de Stonenge.

Las posiciones adecuadas para hacer el amor como los cabritos, los perros y las caracolas e ilustraron el Kamasutra.

A los Incas les dejaron plantas alucinógenas para que treparan corriendo las gradas de los templos, y fueron tan fieles y dóciles y educados, que terminaron llevándoselos.

A los Mayas los enviaron a civilizar otros planetas porque sobrepasaron el límite de los conocimientos astronómicos y en geografía estelar y trigonometría de laboratorio. Perfeccionaron la rotación del universo y las elípticas así como la curvatura del tiempo entre uno y otro planeta.

Movieron la luna dejando tantas huellas en la superficie visible y en su lugar más adecuado para que arrullara la danza de los mares, el crecimiento de las plantas y las cosechas, el nacimiento de las especies, y para que las salamandras se mantuvieran frescas en el verano, junto a los sapos en el lodo.

Definieron las estaciones, enseñaron a ver las estrellas y la alineación planetaria relacionada con los grandes acontecimientos cósmicos; dijeron que eran esferas de gas que alumbran por trescientos millones de años para volverse a encender en otro universo.

Cocinaban los alimentos para no comer en crudo y nos encendieron fuego doméstico, narraban cuentos de otras galaxias para entretener a los preguntones y curiosos porque queríamos saber qué había sido primero, si el hombre o el moño o los seres de las estrellas y de qué estaba hecho el hombre y quien nos hizo, donde estaba la mamá con su papá; ellos les llamaron dioses, y preguntaron qué comían los dioses. Contestaban que café con leche y pan de dulce y fumaban incienso para entretener a las hormigas voladoras del invierno, cada tercer Era Interplanetaria.

Trajeron cuerdas las templaron y les hicieron cajas resonantes para la música y golpeaban troncos huecos de los árboles legendarios para llevar el ritmo. Enseñaron a cantar con la voz como el viento y era un perfecto instrumento armónico.

Dejaron las melodías para dormir tranquilos y las de ritmo para gozar. En eso salieron buenos los negritos, los chinos para pelear y los árabes para tocar instrumentos de cuerdas.

Hicieron los primeros planos de templos que diseminaron en los cuadrantes del mundo, para reconocer el mapeo aéreo y ubicarse desde cualquier punto del universo, recogieron muestras del polvo de los continentes y vieron que eran una misma cosa de la que estaban hechos los seres de esta dimensión.

Despegaban con sus cohetes las naves espaciales y volvían a descender sobre los mares, extasiándose en la arena blanca y con los delfines y ballenas, con los cardúmenes de imaginarias formas poéticas en el agua; sobre volcanes para sentir el calor del planeta y en los trayectos más sutiles y recónditos para dejar su legado de presencia extraterrestre.

Se fueron, para volver después a ver cómo estábamos de jodidos, con guerras y pestes y con la misma ignorancia de antes y trabajando para mal comer y adorando falsos profetas y dioses de argamasa y mármol.

Pero bien, ya vienen para desengañar a los que no creen que no hay infierno ni cielo, sino sólo ideas de otros que dicen que dijeron, que los negros son pintados con carbón de esclavo, que los chinos se estiraban los ojos para ver el dolor y las patas de las culebras y para no ver los perritos que cocinaban con tomates o los Apaches de piel rojiza por comer carne de búfalos.

En realidad ya habían estado en la Tierra, antes del calendario nuestro. Pero el problema no era que vinieran a invadirnos, sino que vinieran al zoológico interplanetario en este barrote de ozono. Con el conceptual y latente miedo de qué hacer con el dinero y el poder.

Porque los Nibirinos nos dirían que estos solo son cuentos extraviados en esa piedra de moler mentiras y entretenimientos mentales para entorpecer; que el libre albedrío solo era mentira de mierda. Que todos los temores serían sanados con la virtud lejana de la verdad extraterrestre.

Además las fronteras y las diferencias étnicas y el dinero ya no tendrían razón de existir, porque para ellos la economía no es el problema doméstico, sino saber cómo está el panorama de este plano de los universos; especialmente los ignorantes y primitivos terrícolas con su tecnología de punta de cohete nuclear y de conocimiento para changos.

Que las leyes de la ciencia eran falsas así como sus teorías de relatividad y de la vida eterna, del seguimiento del comportamiento por el sexo de toda una vida, porque serían válidas hasta demostrarse.

Para ellos las demostraciones eran por inspiración propia, desde que germina un frijol hasta que se venden por quintales en los tiangues, lo único valedero era que la materia es energía y la luz es energía y materia.

Que el trabajo solamente era un entretenimiento de sobra porque se pierde el tiempo en circunstancias que no son necesarias y apartan la mente de la verdadera contemplación de la vida y las estrellas y la realización de cada ser.

Vuelve estático a los hombres porque el hambre es instintiva y no de métodos de sentarse a comer por horarios definidos.

Que ir a besar a dizque santos de anillo era una degradación de la omnipresencia del concepto de ente superior que reside en cada ser de cualquier planeta, que es una conducta animal de seguir líderes que se equivocan.

Los únicos autorizados a conocer los misterios de la naturaleza viva son realmente los perros, monos aulladores y hormigas del orbe porque si saben por el olfato, la visión nocturna y el apego a la tierra desnuda cuándo va a haber movimientos terráqueos o fuertes tempestades.

Que los satélites son aleaciones de metales primitivos para voyerismo de prepotentes o miedosos.

Habían visto los mundiales de fútbol, muy mal organizados, pero sí una diversión para incautos en donde hasta las comidas son de perro por los comerciales de “hot dogs”; que en un pequeño país de Centroamérica en las pirámides de San Andrés, antigua cabina de observatorio de navegación, con el exterminio de perros para venderlos con bollos de maíz en las entradas del estadio Cuscatlán.

Y lo que más risa les daba era por la tiradera de meados desde las graderías superiores.

Como hacían los romanos en el Coliseo cuando no les gustaba el espectáculo de gladiadores contra tigres y los leones no querían comer cristianos, esperando que las leonas cazaran primero según la costumbre.

Quedaron con el interrogante del por qué se hacían las trifulcas por una pelota que entraba a una caseta de pitas y el bullicio ensordecedor del público.

Consideraron que era una manera de desahogarse de los malos jefes y por los cacerolazos caseros, por llegar ebrios con ingesta de aguas fermentadas. Lo peor era beber licor por un empate de fútbol o por una mujer, habiendo tantas pelotas y tantas mujeres para escoger.

Lo único bueno que vieron en la historia de la humanidad eran sus obras de arte, las magníficas estatuas de Leonardo da Vinci, los murales egipcios, la escritura Maya.

Por cantar como Pedro Infante (flor sin retoño); Javier Solís, con su voz de terciopelo; Nat King Cole, cantando Ansiedad; John Lennon, con Imaginaciones; Bob Marley, con Redemption Song; Nicola di Bari, con Il Giorno Dell arcobaleno; The Rolling Stones, con Angie; y los grandes tenores como Pavarotti, entre otros.

Los porros de Colombia, con La Vaca Vieja, de Rufo Garrido; las inmortales obras en cuerdas de Julián Bream, con los fandangos; el gran Fito Araya con trémolo en La menor y fandanguillo barroco; y, desde luego las preciosas obras de Luigi Boccherini; las preciosas pinturas de Monet, Rembrand Van Rin; la colección del museo de Louvre, de La Haya, en Holanda; las novelas de Miguel de Cervantes con El Hidalgo Don Quixote; Cándida Erendira y su abuela desalmada de G.G. Márquez; los relatos Don Campana, La Viuda de Adán Díaz, Chepe el borrachito feliz, Esas tardes de Agosto, tan bien ilustradas por Edgar Pacheko y bajo la dirección técnica de “Greck Equilibrium”.

Por lo que se darán nuevas clases a toda la humanidad, para que no crean en lo que otros deformaron de la verdadera naturaleza de la verdad.

Que el tan temido caos por saberse desnudos e ignorantes y mentirosos, puede ser aplacado con la bondad, el amor; continuando con el arte y respetando el mundo que nos rodea, con sus aguas cristalinas y compartiendo con sabiduría.

Es decir una nueva era empezará para la humanidad, que el tiempo solo existe en los relojes, la eternidad es solamente una sensación que queda atrapada en los túneles intergalácticos entre la materia y la luz. Para repetirse cada tres mil años.

Firma: Comandante Nibirino Aquiles Primero. Jefe de Naves Intergalácticas.

 

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