El sueño de Dante

No se trata del ser mitológico; al que evoca este artículo periodístico es uno de carne y hueso que tiene aspiraciones y sueños en una tierra que cabe entre los pueblos originarios.

 

 

Fotos: Periódico Equilibrium.

Dante Salvador está sentado bajo una sombra prestada en pleno corazón de Panchimalco, al Sur de San Salvador, donde el sábado llegó el Festival del Buen Vivir.

  • Su lugar de trabajo la calle.
  • un asiento de plástico, su lugar más cómodo.
  • su oficina un caballete.
  • una mochila repleta de pequeños botes de pintura; su compañera,
  • su sueño, tener una galería.

Es genial pintando. Estaba inmortalizando uno de los cuadros más comunes que aún se ven en los pueblos originarios: el lanzamiento de un «cuete» de vara.

Porque a este artista plástico que sintió en carne propia el desprecio de quienes pudieron enseñarle el arte, le encanta pintar a su pueblo. Así lo dice.

En Los Planes de Renderos permanece una obra suya, pintada en una pared porque así se lo requirió un pequeño empresario; dos mujeres que evocan dos etapas de la vida: la juventud y la vejez.

Y tras de sí, literalmente, asentadas en el suelo y con el apoyo de una pared de una de las casas del pueblo, casi escondidas, están otras obras suyas, entre estas la pintura de una mujer que refleja los rasgos originarios de una indígena, las exquisitas curvas de los aguacates o los finos detalles de los cartuchos.

Quizás al ver sus obras “tiradas”, como su única forma de mostrarlas, al menos en ese momento, hace que le exprese a un empleado de la Secretaría de Cultura de la Presidencia, su sueño: la galería.

No hubo respuesta de parte del empleado. Sencillamente este le entregó $15 como se lo había prometido para apoyarlo de alguna manera. Dante Salvador tuvo que firmar un papel aparentemente en blanco por esos $15 dólares. Periódico Equilibrium lo presenció.

El artista siguió su obra, misma que minutos antes admiraban tres niñas que, a lo mejor, no sobrepasaban los 12 años, extasiadas por la agilidad con que Dante Salvador plasmaba el fuego simulado, en el cuerpo de sus modelos sumidos en la noche e interrumpida por el surco de luz que despide la pólvora prisionera en un carrizo.

El artista no está pensando solo en sí mismo. La galería que sueña la quiere para acoger en ella a personas de la tercera edad que no encuentran más posibilidades de ocupar su tiempo que no sea permanecer en el parque de Panchimalco; también quiere acoger a la juventud que está deseosa de desembocar su creatividad con la complicidad de un pincel.

Así quiere borrar el amargo recuerdo que le dejó el maestro aquél que le pidió 10 colones por clase, si quería recibir orientación sobre pintura. Si no tenía para comer ¿cómo pagaría por las clases? recuerda, mientras cuenta cómo lloró amargamente por salir menospreciado de aquel local, cuando tenía unos 12 o 14 años.

Tampoco quiere que la juventud que ya tiene alguna habilidad en la pintura o dibujo viva la afrenta que él vivió, cuando otro pintor le pidió un pago de $80 por clase, como una forma de decirle “vete de mi clase”, por no haberle confesado Dante Salvador, que ya tenía conocimientos básicos de dibujo y pintura.

Lo que nunca supieron esos dos personajes, que no merecen recordarse más que para valorar que esos desprecios impulsaron a Dante Salvador a ser lo que ahora es, le motivaron a no darse por vencido para que aflorara en él un potencial artista que ha sacado adelante a jóvenes que también sufrieron afrentas por su pobreza.

 

Si no tenía para comer ¿cómo pagaría por las clases? recuerda, mientras cuenta cómo lloró amargamente por salir menospreciado de aquel local, cuando tenía unos 12 o 14 años.
Pîntor Salvadoreño Dante Salvador

 

Como el joven pintor que ahora es un excelente muralista en Panchimalco, después que, a sus nueve años, un pastor que dirigía un centro escolar donde estudiaba aquel niño, lo expulsara por no pagar dos meses de colegiatura.

En cada trazo de color, sobre el fondo negro que simula la noche, hay un brochazo de recuerdos tristes que marcaron la vida de Dante Salvador y, a al menos, a uno de sus alumnos.

En cada palabra del pintor hubo firmeza, y también reclamo, porque muchos hablan y no cumplen lo que prometen, como una diputada famosa de este país que le prometió llevarlo a la Asamblea Legislativa a fin que conocieran al artista y le dieran su apoyo; desde aquel ofrecimiento, han pasado dos años y esa diputada no apareció más.

Así pasa la vida de Dante Salvador, en las calles de su natal Panchimalco, donde espera algún día, tener esa galería que acoja a quienes muchas veces son despreciados y también a quienes tienen la dicha de recibir el apoyo que necesitan para lanzarse al mundo del arte.

Pintor Dante Panchimalco

Tres niñas disfrutan de la habilidad de Dante.

Pintor Dante obras creadas

Su «Galería» descansa en una acera.

Pintor Dante Exquisitez de fruta

Exquisitez de fruta, de dibujo y de pintura.

Pintor Dante Rasgos Originarios

Los rasgos originarios.

Pintor Dante obra Detalles de la Vida

Detalles de la vida.

Pintor Dante Técnica del lapicero

La limpia técnica con lapicero.

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