El pseudónimo

Todos tenemos hábitos, realizamos acciones que sabemos que nos destruyen, que muchas veces ocultamos porque nos llenan de vergüenza.

 

 

Por: Licda. Elsy Ch./Foto: Pixabay.

Ella estaba sentada junto a la ventana, afuera llovía, la brisa que entraba enfriaba sus mejillas, las gotas de lluvia se asemejaban a sus lágrimas, la ciudad era grande, a ella le parecía nada, desde ahí podían verse a lo lejos las montañas, el paisaje era hermoso, pero ella estaba absorta en sus pensamientos, ni la lluvia, ni la brisa, ni la ciudad, ni las montañas que desde lejos se divisan, pudieron captar su atención.

Dejó las ventanas abiertas y aunque la lluvia se hizo más fuerte y empezó a azotar el edificio colándose en su habitación, ella permaneció inmóvil durante veinte minutos, estaba empapada pero nada la inmutaba, la lluvia cesó y ella se quedó cinco minutos más junto a la ventana, ahora se había puesto ya en pie.

Luego se dirigió a una de las gavetas del respaldo de su cama, tomo una toalla pequeña, se secó las manos y tomó un encendedor y un cigarrillo un poco retorcido del paquete que había dejado sobre su cama; volvió a acercarse al balcón y se puso a fumar, dejando escapar el humo por la ventana.

Su ropa húmeda, se había adherido ya a su piel, dibujando el contorno de una figura hermosa y esbelta y fumaba con tal elegancia, que cualquiera que la viera se sentiría atraído por ella. Era precisamente su hermosura y sensualidad, el perfume con el que seducía para arrastrar a los hombres a aquella habitación.

Mientras fumaba posaba de reojo su vista sobre la cama, donde un manojo de billetes de dólar se había esparcido, después de que su último cliente lo dejara caer sobre el colchón, en pago por sus servicios.

Ese día estaba melancólica, por las tantas veces en que se había sentido como arena en la playa, golpeada por las olas del deseo arrebatado y la pasión, y le parecía que ahora para ella el amor, estaba tan lejos, más allá del sol.

No era que su oficio le gustase, pero era la única manera en que había aprendido a ganar dinero y su figura y apariencia se lo permitía con facilidad, pues no era de aquellas que se ven por las esquinas, sino que trabajaba para una agencia, que la contactaba cuando sus oficios eran requeridos y por ende, estaba dentro del grupo de las muy bien pagadas y podía disimular ante el mundo, la verdadera fuente de sus ingresos.

Sonó el teléfono, un par de amigos invitándola a unas cuantas copas, decidió ir, ¿para qué quedarse consigo misma, cuando su mundo estaba vacío?, salió, sonrió como si nada pasara, era perfecta poniéndose una máscara, su cara muy hermosa, bien maquillada y sus ojos de una tristeza imperceptible, toda la noche fue de sonreír y bailar, de disfrutar y cantar, al menos estaba distrayéndose con sus “amigos”, sí “amigos” que no dudarían en abandonarla si supieran la verdad.

Se emborrachaba y no le importaba correr riesgos, iba a distintos lugares de los que desaparecía como el humo que salió de su ventana, ¿quién te extraña cuando estás ausente?¿Quién te mira, quien te siente?

Si estás sola, tu compañía es la noche y la luz de la luna que entra por tu ventana, porque en tu cama, solo se ven los rastros de los que vinieron solo a saciar su instinto y a beber placer, ¿Cuán sola has de sentirte?, el problema es que ya no saber cómo retroceder, volver a aquella niña que un día fuiste y que perdió la inocencia sin querer, ¿Quién conoce tu corazón? ¿Quién será el hombre valiente al que no le importe tu pasado y te envuelva con su amor? Usas seudónimo… ¿Aún recuerdas tu nombre?, eres una de día y otra distinta de noche.

Ella se torturaba con tales pensamientos, imaginaba que un día, perdería todo aquello externo que la gente valoraba, sus ojos, su belleza, su cabello; se sentía cansada, estaba destinada a quedarse sola –concluía- Pero a pesar de todo su dolor y sufrimiento, en su mente no asomaba ninguna intención de cambiar su forma de vivir, sería demasiado difícil, prefería continuar con su vida acostumbrada, que tener la valentía y el coraje de cambiarla.

Todos tenemos hábitos, realizamos acciones que sabemos que nos destruyen, que muchas veces ocultamos porque nos llenan de vergüenza, la pregunta es ¿tienes el coraje de cambiar? espero que sí, porque el mayor reto de nuestra vida, debe ser superarnos a nosotros mismos.

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