El estigma invisibiliza tanto como las sombras

Estigma

En un proceso colectivo es que se cae en la conciencia del doble rol (estigmatizados y estigmatizadores) y solo desde la acción comunitaria se pueden romper los paradigmas, es decir desaprender para volver a aprender.

Fotos: Periódico Equilibrium.

José Ángel Escobar vive en Mariona, zona comprendida entre Cuscatancingo y Mejicanos; vivir allí ha significado sufrir estigma, sobre todo porque es grafitero y la gente cree que manchar espacios es afectar la tranquilidad.

Conocido en el mundo artístico de grafiti como Ansec. José Ángel ha tratado de superar esa estigmatización, como la que sufre la juventud de Las Palmas, una comunidad del Distrito 3 de San Salvador, dividida de los sectores de clase media y media alta por una barrera física de cuatro metros de altura y de varios centenares de longitud, además del Río Acelhuate.

El pasado martes 19 de julio, Claudia Cristiani, Directora Ejecutiva de Fundación AccesArte habló sobre un estudio que revela ese estigma que, no solo proviene de la sociedad, sino del Estado mismo, dicen las personas responsables del documento.

El estudio es producto de una apuesta del proyecto de la “Casa Tomada Cultura, entre todos y todas” para conocer sobre el uso y percepción que sobre los recursos culturales de la zona donde se asienta, tiene la juventud de Las Palmas.

Cristiani dice que en el estudio apareció un componente de estigmatización muy importante y, aunque ese no era un propósito original o central de la investigación, sí fue un resultado importante que debía presentarse.

No solo en la fotografía se puede perder el enfoque; también se desenfoca la realidad de la juventud que busca oportunidades. El grafitero José Escobar, se ha sentido estigmatizado por vivir donde vive.

No solo en la fotografía se puede perder el enfoque; también se desenfoca la realidad de la juventud que busca oportunidades. El grafitero José Escobar, se ha sentido estigmatizado por vivir donde vive.

“Encontramos que toda su relación con actores y espacios de la zona y el tránsito (movilidad de las personas) está relacionado con el lugar de procedencia; ser de Las Palmas, como lo dicen “los que están afuera (de la comunidad)” hace que esta relación pase por esta barrera de estigma.

Paradójicamente, entre la juventud entrevistada no se encontraron indicios de violencia, más bien existe desconfianza, falta de comunicación, exclusión, autoexclusión incluso. Esa violencia con la que se les asocia ha sido producto de la estigmatización misma, desde que personas que residieron en ese lugar fueron juzgadas por sus vínculos con grupos criminales.

Las Palmas es una comunidad que se ubica en una zona de San Salvador que tiene concentración más alta de recursos culturales, entonces las instituciones patrocinadoras de este estudio consideraron necesario saber cómo y qué uso o no hacía la juventud de Las Palmas con estos recursos y espacios y qué percepción tienen sobre los mismos.

El estigma alrededor de Las Palmas, pasa por pensar que cualquier joven es violento, es delincuente o son parte de una pandilla, lo cual también ha sido responsabilidad, entre otros, de los medios de comunicación.

Paula Álvarez, coordinadora del proyecto “La Casa Tomada, cultura entre todas y todos para construir nuevos mundos”, complementa el mensaje de Claudia Cristiani, destacando que el estudio busca sensibilizar a la sociedad, instituciones culturales, ONGs, medios de comunicación, Estado y ciudadanía sobre el hecho que todas las personas “somos estigmatizadas y hemos sido estigmatizadoras en algún momento de la vida”.

Estos procesos son culturales, se aprenden en el entorno íntimo; los poderes fácticos y medios de comunicación, además del Estado alientan la estigmatización de forma que le es difícil a las personas ser conscientes de cuándo son estigmatizadoras en perjuicio de la juventud.

Lo dice la propia juventud cuando cuenta relatos compilados en el estudio que ha sido posible por el concurso de La Casa Tomada, Accesarte y la UCA.

Hasta que no se socializa esa estigmatización y victimización no se puede ser consciente de la misma.

En ese proceso colectivo es que se cae en la conciencia del doble rol y solo desde la acción comunitaria se pueden romper los paradigmas, es decir desaprender para volver a aprender.

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