El despertar de Karla Killa

Moriría por asfixia, ahogamiento; acompañán-dolo a él, en su viaje al más allá desconocido, con la esperanza de volver a la vida en un futuro. Por eso la posición fetal en su entierro.

 

Por: Dr. Adán Figueroa/Ilustración: Mely.

Siempre había sido independiente y luchadora por los derechos de las mujeres. Su piel morena resplandecía, cuando los rayos de un sol matutino se asomaban sobre la inmensa montaña y acariciaban su rostro impregnado de belleza sutil, etérea.

Tenía los años cargados de mucha energía, los suficientes para poder decidir lo mejor para ella y para los que tenía a su alrededor. Su voz clara y convincente calmaba cualquier ansiedad y apaciguaba iras alborotadas.

Pero una noche se durmió leyendo los mitos y leyendas de Ingapirca, antigua comunidad indígena en la ciudad actual de Cuenca, quería dar una mejor explicación, al grupo de turistas bajo su responsabilidad, y cuando abrió los ojos, allí estaba, observando los verdes valles y colinas en la fría tarde de quién sabe qué época.

Todos la respetaban con suma reverencia y eso, le agradaba mucho, pero le fascinaba de sobre manera el Templo al Sol, porque en él podía apreciar muy claramente la salida y la puesta de este astro al que adoraban mucho.

Allí estaba con dos acompañantes cuando, un rumor gigante, una bulla de voces angustiadas se acercaban a ella diciendo: Karla Killa, es Huayna, está herido.

Dos Chamanes acudieron al instante y el ritual para la recuperación del que llamaban Huayna se iniciaba. Las heridas producidas por el leopardo curaron, pero después, sobrevino una infección. La fiebre azotaba y abolía las fuerzas del Huayna. Karla Killa no sabía qué hacer. Los Chamanes continuaban con sus ceremonias, pociones y todas las medidas necesarias para la cura de la enfermedad, pero sin ningún resultado halagador

Karla Killa, sabía perfectamente lo que a ella le pasaría al morir Huayna. Lo consideraba injusto y estaba dispuesta a no someterse a esas disposiciones tradicionales del imperio.

¿Cómo puede ser posible, que yo también tenga que morir, solo porque mi esposo muera? Y lo peor, el tipo de muerte que tendría. A ella le esperaba la administración de un brebaje con el cual se dormiría, sería colocada en un a vasija similar a la de su esposo fallecido y enterrados juntos.

Moriría por asfixia, ahogamiento; acompañándolo a él, en su viaje al más allá desconocido, con la esperanza de volver a la vida en un futuro. Por eso la posición fetal en su entierro.

Karla Killa, ante el inminente fallecimiento de su esposo, pide a dos doncellas de su confianza, que la acompañen por los oscuros caminos de los densos bosques repletos de neblina. Es poca la distancia que logran recorrer, cuando los fieles al Huayna, las alcanzan y custodian para cumplir con la tradición.

En ese momento se produce un forcejeo entre Karla Killa y los guardianes que la capturan y sus gritos de desesperación se escuchan lejanos en la cima de la sierra.

¡Hija, Hija; despierta!, le dice su madre. Mira cómo sufres por andar leyendo esos libros.

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