El Cipitío, el Triqui Traca y la supervivencia

“Un día una carreta de a de veras me asustó, la oí a la distancia y sonaban los casos y las ruedas de hierro, era de verdad y transportaba leña, pero yo pensé que era La Carreta Chillona”.

 

 

Fotos: Periódico Equilibrium.

Desde pequeño ha disfrutado las historias, le gustaba “andar detrás de los viejitos escuchando sus cuentos”, y como se crio en una zona inmediata al cementerio de Santa Tecla, le puso más morbo a su afición por la cultura popular.

Su padre Florentino Reyes López (QEPD) era empleado municipal y por eso se les dio el permiso de habitar en dicho lugar, recuerda.

El sábado 23 de febrero, entre la gente que disfrutaba de las ruedas mecánicas en las fiestas patronales de Ahuachapán, en honor al Dulce Nombre de Jesús, se lo veía sacudir enérgicamente su brazo para activar un juguete que quizás fue poco tradicional, pero que fue usado por algunas generaciones, hace unos 30 años: el Triqui Traca.

Se lo conoce así, a lo mejor por el ruido que hacen dos pelotas sólidas atadas por una cuerda que pende de una pieza de plástico que, en sus orígenes, era de madera.

Anda de fiesta en fiesta patronal encarnando al Cipitío, al tiempo que vende sus triqui tracas y otros productos con los que despierta la curiosidad de la niñez.

En sus propias palabras se anda “rebuscando y promoviendo la cultura” a través del citado personaje mítico.

“Que no muera lo legendario, lo mítico, lo cultural de El Salvador”, se justifica, pero tampoco esconde la realidad: es una forma de ganarse la vida. “Gracias a Dios ya vendí las culebritas de plásticos y me queda todavía esto”, dice mientras muestra el casi olvidado juguete que, a su entender, ha sido introducido por China.

En realidad ha empezado a disfrazarse de Cipitío en los últimos cinco años y ahora es su forma de vivir, pues además de mantener vivas las tradiciones, dice, trata que la gente se retrate con él a costa de un dólar por persona para que las nuevas generaciones sigan escuchando los cuentos de este niño panzón y su enorme charra y al mismo tiempo le ayuden a sobrevivir.

Las historias

Su padre y los amigos de este, ya mayores, se reunían por las noches o en fines de semana, para contar las historias de La Ciguanaba, El Cipitío, el Cadejo y la Carreta Chillona.

Literalmente se quedaba petrificado oyendo aquellas afirmaciones de don Florentino, cuando decía que algunas noches había visto a esos legendarios personajes. Pero le gustaba que le contaran esas historias que ahora replica.

Recuerda todo eso sonando de vez en cuando el Triqui Traca. Él es Florentino Martínez, quien conoció este juguete hace 30 años, aunque se atreve a decir que el juego tiene más años de historia, pues algunas personas lo ubican en la década de los 70.

Después de contar su historia, Florentino o El Cipitío se pierde de nuevo entre la gente que, curiosa por la entrevista en pleno campo de la feria, sigue divagando mientras se escuchan los gritos de hombres y mujeres cuyo cuerpo y adrenalina son sacudidos por las ruedas mecánicas.

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