El beat boxing que dejó los buses por un empleo en el Broadway Café

“Un día me quedé solo con una cora, era la última de mi indem-nización  Quería que la tierra me tragara, tomé la barra de arriba del bus, medio oculté mi cara (entre el hombro, el brazo y el antebrazo) y empecé a cantar”.

Fotos: Periódico Equilibrium.

Edwin Vladimir Mancía, tomó su última “cora” (un cuarto de dólar) que le quedaba de su indemnización otorgada tras perder su penúltimo empleo. Pensó y repensó en subirse al microbús de la zona donde él vive, hasta que por fin se decidió.

A sus 23 años, el 9 de mayo de 2018 abordó la unidad del transporte colectivo, tomó la barra superior del vehículo, medio ocultó su cara entre su hombro y su antebrazo (por vergüenza) y empezó a cantar.

Algunos, como suele ocurrir, apartaron la mirada distrayéndose por la ventana, otros fingieron dormir, unos más lo veían quizás con desconfianza y solo dos personas de las que viajaban le regalaron cada una 25 centavos de dólar.

Ese día, después de cantar en los “micros”, solo ganó tres dólares. Regresó abatido, desesperado, desilusionado y pensativo. Pero no se amilanó y siguió insistiendo.

Él es autodidacta en el canto y en la música. Un amigo le habló de los acordes de guitarra y en una regla de madera dibujó los trastes para simular uno de esos instrumentos. Tenía 14 años, tal vez, cuando empezó a aprender a tocar la guitarra. Hasta noviembre del año pasado pudo comprarse una.

Por la zona del exmercado Cuartel, en pleno Centro Histórico de San Salvador, compró la guitarra y la pagó con solo monedas que había recogido ese día, por cantar en el transporte colectivo. De $40 que valía, se la rebajaron a 27 dólares.

Ana María es su hermana, con su ayuda económica ella terminó sus estudios en la Universidad de El Salvador y en febrero del año pasado se graduó como Administradora de Empresas.

Viéndola a ella como su inspiración, ahora Vladimir quiere estudiar ingeniería informática, sabe mucho de sistemas operativos, instalarlos y desinstalarlos, todo aprendido de forma autodidacta.

Broadway Café

Antes de atreverse a cantar solo en los buses y microbuses, un amigo lo tomó como su apoyo para que con la habilidad de hacer sonidos con la boca, lo acompañara a cantar en el transporte colectivo.

Le dio pena, pero lo hizo. Como su amigo cantaba, él solo ponía la pista como beat box. “Me hacía un poco el loco, veía para afuera, para no ver el rostro de la gente”, recuerda.

El pasado viernes Edwin Vladimir le contó su historia a este periódico, mientras sonaba el tema “A mi Manera”, cantada en vivo por otro joven artista de los 17 que amenizan la estadía de comensales en el restaurante Broadway Café, en la colonia Escalón, de San Salvador.

Nunca soñó con estar donde estaba y solo acierta a decir, recordando su pasado reciente, que “no hay mal que por bien no venga”.

El de Broadway Café es su cuarto empleo y el día que contó su historia, los socios del restaurante le contaban también a los medios de comunicación cómo nació este negocio en El Salvador y cómo reclutaron artistas que en dos grupos hacen ameno el ambiente de quienes visitan el Broadway, desde las 11:30 de la mañana, de martes a domingo.

Y mientras el grupo de jóvenes, entre señoritas y caballeros, interpreta diversas canciones en el ambiente teatral que presenta el local, Edwin Vladimir cuenta que en los buses hubo días buenos y días malos. “Hubo momentos en que me aplaudieron en el bus, algo que no es común para los artistas urbanos”

Y agrega “que conmigo estuvo la mano de Dios, porque canté en los buses de una zona muy complicada de San Salvador (por la delincuencia). Él se fijó que yo no andaba cantando en los buses por vicios, ni reunir dinero para bacilar, sino para ayudar a mi familia, a mi madre y mis hermanos. Por eso me bendijo»,  dice, refiriéndose a Dios.

La realidad que lo empujó

“A veces empezaba a las 11:00 a.m. hasta las 4:00 p.m., pero como no todos colaboraban extendí el horario hasta llegar tipo 9 de la noche, preocupaba mucho a mi mamá con eso.

Un día me quedé solo con una cora, era la última de mi indemnización y ese día empecé a hacer el esfuerzo de cantar. Quería que la tierra me tragara, pensando en si hacer o no hacer el canto, tomé la barra de arriba del bus, medio oculté mi cara y empecé a cantar. Ese día yo pensé que era vergonzoso. Pensé y repensé si subirme al microbús a cantar.

Esa vez solo me dieron dos coras. Me desanimé porque en todo el día hice tres dólares. Aprendí que debía ser seguro para vender mi talento y mi arte. Es cosa de hacer marketing del propio.

Yo sentía que hablaba como locutor y la gente me decía que fuera a pedir trabajo a una radio. Fui, pero me cerraron las puertas.

Después de un tiempo que gané solo tres dólares, una vez canté toda la tarde, y gané 40 dólares, pero eso sí andaba echándome un show cabrón.

Andaba una guitarra acústica y cantando una canción de la banda The Cranberries, Zombie, que me sale exactamente, el motorista del microbús se quedó sorprendido: ‘Puro disco, bicho, tomá, te lo has ganado’, me dijo para darme un dólar.»

Hay amigos que no fallan

Este beat boxing dice que hay amistades que se consideran buenas y el tiempo se encarga de negarlo, pero en su vida hay dos que le han demostrado que son calidad de personas.

Kevin Guerrero y Oliver Rivas, con ellos ha montado un proyecto como Younger Records, para sacar un disco que tendrá un género urbano, a diferencia del típico disco rapero hablará de una realidad social, historias ficticias, pero que hablan del día a día en la calle.

Se hablará del desempleo, de la ecología, temas locales de cada colonia, el abuso de poder de partidos políticos que prometieron una cosa y salieron con otra, sin utilizar malas palabras, haciendo beat box.

Se quiere grabar este año; no ha sido posible antes, pues han tenido contratiempos como el asesinato del productor de la iniciativa; la tragedia ocurrió el 27 de octubre de 2017, “en honor a él queremos sacar el disco”.

Big Dog, uno de los tres impulsores del proyecto, perdió a su padre también, él los aconsejaba; estos hechos los atrasó.

Otra de las jóvenes artistas.

Esta es solo una de las historias que encierra el grupo de jóvenes talento que canta en el Broadway Café de San Salvador, que tiene una filosofía con enfoque social que apoya a jóvenes artistas.

Broadway es un conjunto de espectáculos teatrales presentados en cada uno de los 40 grandes teatros profesionales que lo forman, con más de 500 localidades, situados en el distrito teatral de la Avenida Broadway y en el Lincoln Center en ManhattanNueva YorkEstados Unidos.

Similares locales existen en Londres. Sus impulsores dicen que El Salvador, un país amable y con talentos, era la materia prima para hacer una experiencia diferente en la ciudad capital.

Lea la próxima semana la historia de Carla, la joven madre soltera que forma parte de este elenco de talentos de Broadway Café.

Opciones para compartir nuestro contenido