Coralia Cuéllar, de la época de convulsión social a la de los millenials

De vender mango con chile y “alguashte”, empanadas, panes “mataniños” y ropa interior femenina, Coralia pasó a ser con mucho esfuerzo y con su confianza puesta en Dios, una pequeña empresaria que ahora le provee sustento a varias personas y sus familias, mediante sus empresas periodísticas. Se tuteó con la pobreza, pero su deseo de ser periodista la ha llevado a poseer una agencia de monitoreo y un periódico digital especializado: www.dinero.com.sv. A sus 40 años se precia de haber vivido diversas épocas bien marcadas que van desde las acciones revolucionarias de la izquierda, hasta el interminable mundo de los millenials.

Fotos: Periódico Equilibrium.

En su niñez y juventud le tocó vivir el conflicto armado generado por las diferencias económicas, políticas e ideológicas de la época, lo cual la marcó y la invitó a estudiar periodismo.

Las extintas comandancias locales (paramilitares) y la Fuerza Aérea ubicada en Ilopango, eran objeto de ataques constantes de parte de la guerrilla.

Su problema de asma era su principal amenaza después de la guerra, porque en los toques de queda, ella y su familia tenían nulas oportunidades de asistir a un hospital para ser atendida ante una eventual crisis.

Muchos de sus amiguitos sufrieron quemaduras en gran parte de su cuerpo cuando la guardería de la empresa donde trabajaba sus madres fue alcanzada por una acción guerrillera.

Los corresponsales de guerra y los fotógrafos de las agencias de noticia le despertaron la idea de ser periodista, no sin antes intentar ser diseñadora de modas o aeromoza, pero ni su estatus económico ni su estatura le permitieron ser ninguna de las dos cosas.

Recuerda que la escasez de recursos económicos le obligaron a estudiar con becas en algunos colegios e incluso en la Universidad Centroamericana.

Ella y su hermano crecieron en un ambiente de muchas limitaciones pero fueron llevados adelante por sus padres, ahora él es médico veterinario y Coralia una periodista que ha llegado donde pocos, gracias a que nunca se dio por vencida.

De fe evangélica, Coralia sabe ahora que nunca tuvieron a nadie que les apoyara que no fuera Dios, tiene sus razones, pues asegura que es testigo de milagros, como la sanidad física que experimentaron su madre y ella, en circunstancias en que todo pronóstico era en contra.

Cuando Coralia estaba por egresar de periodismo empezó a trabajar en la UCA y no precisamente en su especialidad, sino dando clases a un grupo de profesionales, lo que le sirvió de apertura a su vida periodística plena.

Así llegó a diversos medios radiofónicos y escritos y a las aulas universitarias privadas como docente.

Su primer y único carro lo compró hace tres años, siempre se movilizó en buses y aprendió así a sortear a los ladrones que asediaban a los pasajeros incautos en los “amontonamientos” de personas en el transporte público.

Sus autoempleos

Vender mango con chile y “alguashte” en su colonia y fabricar tarjetas navideñas en papel vegetal, le ayudó a sobrellevar sus gastos escolares, con eso compraba cuadernos para su escuela, tenía para entonces unos ocho años.

Más tarde, también prestó 25 colones, para comprar en una maquila textil ropa interior femenina de segunda calidad a fin de revenderla, eso le ayudó a paliar las necesidades de ella y su hermano.

Por eso siento un cariño y una admiración entrañable por las personas que hacen artesanías, porque me recuerdan mis primero esfuerzos cuando hice tarjetas navideñas de papel vegetal, para sobrevivir.

Vendió panes “mataniños” dice mientras se ríe al hablar de los panes con jamón y cuyo nombre no sabe bien de donde proviene.

En el colegio cristiano donde estudió becada, se burlaban de su pants amarillo conseguido por su madre de alguna forma, cuando el uniforme deportivo era azul. Allí logró que el Director le diera permiso de vender empanadas artesanales de plátano durante los períodos de recreo.

No fue bien vista por la propietaria de la cafetería por la competencia, dice dejando escapar una carcajada.

También trabajó en al menos dos cafetines en el centro de San Salvador, pero nunca se conformó con su realidad del momento, quiso así desafiar al destino y con esfuerzos titánicos, ahora es la pequeña empresaria y periodista, temerosa de Dios.

“Dos computadoras fiadas” en un almacén y el apoyo de dos estudiantes de una universidad fueron el inicio de su primer emprendimiento, para elaborar documentos de prensa.

Durante la presidencia de Antonio Saca, fundó una agencia de monitoreo que fue apoyada para entonces por una empresa privada y una institución pública. Y su último esfuerzo es el periódico digital de contenido especializado de economía: www.dinero.com.sv

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