Camino al éxito

En ese momento un aplauso interrumpió el discurso del nuevo profesional, a quien se le hizo un nudo en la garganta por la inmensa alegría y satisfacción mientras que, en una silla cercana, caían unas lágrimas.

Por: Dr. Adán Figueroa/Ilustración: Mely

Mira hijo, la vida es corta, es como un suspiro. Hoy eres un niño, mañana serás un profesional, un hombre exitoso. ¿Quién sabe?, pero claro, eso requiere de mucho esfuerzo, tiempo y dedicación.

Yo entiendo que te aburra hacer tareas y ojalá un día las quiten, pero por ahora hay que hacerlas. A veces estudiar es aburrido, tedioso, pero; es la mejor forma para que una persona se prepare y desempeñe un mejor papel en su vida y haga de ella, algo provechoso, digno y bueno.

A todos nos ha costado, a unos más a otros menos. Es cierto que hay alguna gente que no se ha preparado y vive muy bien. Tiene carros de lujo, mansiones y muchas cosas, pero no pasarán de ser, don Juan, o don Manuel.

A nosotros todo nos cuesta, a mí, a mi papá; a todos; pero con esfuerzo se logra y no olvides que, las cosas más difíciles de alcanzar, esas, esas serán las que más disfrutarás en tu vida.

Tú eres bueno, inteligente y de buenos sentimientos y eso, es fabuloso; me gusta mucho y te admiro, por tu enorme honestidad. Siempre dices la verdad, aunque te expongas a un regaño o que yo o tu papá nos enojemos. ¡Niños así, se necesitan! Somos afortunados por tenerte.

Daniel pasó unos minutos en silencio, inmerso en sus recuerdos de infancia y todos sus compañeros, familiares e invitados, se veían y empezaban a murmurar por su silencio.

Ha de estar nervioso, decían, pero no, no era cosa de nervios. Buscaba con su mirada entre todos los presentes, a su amigo del alma, al compañero, al casi hermano. A quien muchas veces envidiaba porque sus padres no eran exigentes con él, ya que a veces no cumplía con sus obligaciones por andar en una fiesta o cualquier otro pretexto. Después de unos segundos que parecían minutos se convenció: Héctor no estaba, ni por supuesto sus padres.

Respiró profundo y con una sonrisa en los labios después de escuchar un aplauso animador, se dirigió a su público saludando, en primer lugar, a las autoridades de la universidad.

– Tengan muy buenos días dijo. Quiero en primer lugar dar gracias a Dios, por permitirme llegar a este momento, por los padres que tengo y un agradecimiento especial a mi madre.

En ese momento un aplauso interrumpió el discurso del nuevo profesional, a quien se le hizo un nudo en la garganta por la inmensa alegría y satisfacción mientras que, en una silla cercana, caían unas lágrimas envueltas en un regocijo infinito.

– Ella me ayudó tanto desde mi niñez, se desvelaba conmigo apoyándome en mis tareas y siempre me decía de lo difícil que suelen ser las cosas, pero que hay que seguir adelante. ¡Adelante hijo! Decía y lo sigue diciendo.

Gracias mamá, gracias papá y a todos los padres de este grupo al que le tengo un inmenso cariño y con quien hemos compartido muchos años de angustias y también de placeres.

¡Gracias a todos por ser los padres que han sido y por mostrarnos el camino al éxito!

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