Cambio de clima

Cuando la Rosita fue su novia por un corto tiempo, la dejó, decía que mucho gastaba cuando iban a almorzar o al cine; sea lo que fuere a lo que la invitaba, mucho gastaba.

Por: Dr. Adán Figueroa/Ilustración: Mely.

Los cenzontles cantaban y cantaban, el día estaba oscuro, nublado, triste tal vez. Unos decían que estaban pidiendo agua; que ya era tiempo del inicio del invierno; otros que llamaba a su pareja para reproducirse, no sé realmente quien tenga la razón, pero, lo que sí sé, es que cuanto más compleja es la melodía que cantan, son más atractivos para las hembras; pues ellas prefieren al que canta mejor porque con seguridad, ese cenzontle las salvará o cuidará mejor en los climas adversos. Ese día Roberto llamó a su prima: ¿sentiste el temblor? le dijo.

– No,no lo sentí, a pesar de haber sido algo fuerte: 6.2 grados, dicen; como iba caminando, no sentí nada.

– Es cambio de clima. Hoy sí, ya viene el invierno. Así que prepárate Mercy: limpia los canales de la casa, los tragantes y tira todos los objetos que puedan retener agua.

– Tu deberías hacer todo eso Roberto, para que no te vaya a suceder nada ¿de acuerdo?

– De acuerdo Mercy. Pasa buenas tardes.

Roberto vive solo desde hace muchos años, prácticamente desde que vino de cumplir su sueño americano. Es difícil entender a las personas; hay muchas que se arriesgan y hasta mueren por ese sueño; pero Roberto no, lo tenía todo, estaba legal; pues ya era residente. Trabajó duro, eso sí y al tener bastante dinerito, se regresó a su patria que lo vio nacer y donde pasó su infancia.

Al principio vivía de puros intereses de sus ahorros, pero, con la dolarización todo le fue decayendo. Hoy a sus sesenta y tantos años, tiene un billar de mala muerte en Mejicanos, pero le va bien; salvo raras excepciones. Su problema es que no lo puede dejar en manos de sus empleados. Es esclavo de su propio trabajo y de su Mejicanos.

El día que se enfermó de gravedad y tuvo que hospitalizarse, ese día sí sufrió. Pero no tanto por su enfermedad, sufrió más, porque tuvo que dejar su billar bajo la responsabilidad de un empleado y eso le dolía, porque decía que siempre se lo bajaban. No le daban las cuentas cabales.

Cuando su prima lo fue a visitar al hospital, le dio un sinfín de recomendaciones: sobre la mesita de noche, hay tres bolsitas con dinero le dijo: una es para pagar el pedido de cerveza, otra para cancelar a la señora que me lava la ropa y la tercera, esa está por si me piden renta los de la colonia Montreal. ¡Ah! Creo que hay dos más debajo del colchón de mi cama. Esas son para comprar chucherías o boquitas y café. Ahora ya vendo café, pan dulce y otras cositas.

Después de escuchar la lista de recomendaciones, su prima Mercy, decide visitar su casa el fin de semana y así lo hizo, pero, la sorpresa que se llevó fue muy triste. Roberto vivía

Era un caos completo, como los congestionamientos de la capital.

Se veía claramente que hacía falta la presencia de una mujer en casa; pero como era tan tacaño, nunca iba a sentar cabeza y ya lo había dicho.

Cuando la Rosita fue su novia por un corto tiempo, la dejó, decía que mucho gastaba cuando iban a almorzar o al cine; sea lo que fuere a lo que la invitaba, mucho gastaba.

Su prima le ordenó algo y le hizo limpieza, pero el desorden era tanto que ni siquiera sabía el número de bolsas con dinero que tenía guardadas. Había varias en lugares inimaginables. Roberto, tenía cualidades como las ardillas que, guardan semillas de una clase y de otras y al final, no saben dónde las han dejado.

Así era él: guardaba y guardaba y ya ni sabía lo que tenía y mucho menos dónde. Pero el colmo de todo fue que, en una maleta de equipaje que estaba en una esquina solitaria, encontró una ropa nueva, sí, no había sido usada; pero ya era muy vieja.

Eso no tiene nada de raro, lo extraño e increíble era que esa ropa era parte de la que trajo del norte cuando regresó a su país; y después de diecinueve años, allí estaba aún sin haber sido utilizada.

Cuando se le hacían ver esos defectos, siempre se molestaba; pero cuando le preguntaban algo del clima, lo sabía todo.

Él podía ser lo que fuera, pero, una cosa sí era cierta; sabía perfectamente cuando iba a llover o a temblar. Era el meteorólogo de la familia. Decía que observar las aves era la clave. A veces miraba al cielo y decía: hoy sí, ya es verano o ya viene el invierno. Es un cambio de clima.

 

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