Alita

El pequeño estaba sumamente afligido, pero en pocos segundos perdió el miedo y comenzó a disfrutar de la escena que estaban dando. Los padres del pequeño seguían con la angustia a flor de piel.

Por: Dr. Adán Figueroa/Ilustación: Meli.

No sé qué le pasa este día. No quiere acercarse al grupo, ella siempre es bien comunicativa y juguetona dijo, mientras agitaba el agua con sus manos.

Todos sus compañeros ya estaban en su trabajo- eso era para ellos, trabajo- aunque lo hacían de forma tan espontánea que parecía un juego. La tarde estaba fresca y la brisa marina estaba agradable, pero con el correr del tiempo y el estar con la mitad del cuerpo sumergidos en el agua, casi todos llegaron a tener un poco de frío.

Se acercó Maurice y empezó a realizar todas las instrucciones y peticiones que se le hacían. El grupo estaba entusiasmado y la entrenadora pidió que todos permanecieran unidos, para que nada pasara entre ellos, hombro con hombro, decía.

Maurice pasó junto a todos muy despacio para que sintieran la tersura de su piel grisácea, suave y muy lisa. Ni una escama y mucho menos pelo en toda su cubierta. Luego en otra vuelta les permitió cargarlo o al menos simular que lo cargaban, porque pesaba unas trecientas libras. Ahí estaba Maurice dando vueltas y jugando con los del grupo, de pronto apareció Alita, y empezó a dar vueltas y vueltas alrededor de todos quienes se mostraron muy entusiasmados.

Maurice permaneció inmóvil junto a su entrenadora, quien después de agradecerle por su actuación, le hizo una señal y salió disparado nadando de dorso y moviendo sus aletas y la cola.

Alita, entonces tomó el lugar de Maurice.

– Vamos a ver Alita, por qué no te acercabas a nosotros. Ellos son amigos y han venido a verte.

Alita simplemente se limitó a mover su cabeza y emitir unos ruidos que la entrenadora los interpretó y aceptó como una disculpa, pues ella era la consentida. Así pasaron buen rato disfrutando del momento y de lo maravilloso que son algunos animales; pero, en un descuido y estando la fila del grupo separada, pasó Maurice entre las piernas del niño de nueve años que estaba en el grupo y este por no caerse se agarró de la aleta dorsal de Maurice y se fue sobre él dejando a todos en completa zozobra.

Unos cuantos metros había nadado Maurice con el niño sobre su alargado cuerpo cuando, se le unieron Alita y Campeón. Este era famoso porque hacía unas piruetas asombrosas en el aire. Rápidamente dieron la vuelta y los tres emergían del agua y se elevaban en el aire.

El pequeño estaba sumamente afligido, pero en pocos segundos perdió el miedo y comenzó a disfrutar de la escena que estaban dando. Los padres del pequeño seguían con la angustia a flor de piel, pero pronto Maurice inició el regreso junto a Alita y a Campeón.

Agachó su cabeza suavemente para que descendiera el pequeño, saludó a los demás y se marchó junto a campeón. Alita permaneció junto al niño y la entrenadora, mientras todos recuperaban la calma que se había esfumado por el evento.

Después de un minuto de silencio, el niño sonrió como si hubiera pasado por algo fabuloso, extraordinario. Su padre también hizo una expresión de satisfacción al ver que todo estaba bien, mientras Alita sacó su cabeza y le dio un beso al pequeño y se fue nadando de dorso con su cola casi sobre el agua.

La entrenadora se limitó a decir: a veces los delfines son así.

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