Actores extra-territoriales: Agentes de alto impacto en Chile

Entrevista a Eduardo Ramírez, investigador de Rimisp.

Si bien entre las principales aliadas del desarrollo rural figuran las coaliciones de actores extra-territoriales, también son ellas las que provocan importantes alteraciones en la igualdad de acceso a recursos y en la sustentabilidad ambiental.

La presencia de estos grupos, empresas u organizaciones exógenos al espacio geográfico donde operan –ya que no tienen identidades basadas en ellos ni provienen de allí- es hoy altamente promovida por las políticas públicas en toda Latinoamérica. Esto, porque se les considera vectores de crecimiento económico o bien porque fortalecen la presencia y legitimidad del Estado en zonas históricamente marginadas.

El estudio “Desarrollo territorial, ambiente y coaliciones extra-territoriales”, surgido al alero del programa Dinámicas Territoriales Rurales (DTR) de Rimisp, y a cargo de Anthony Bebbington, Patric Hollenstein, Ilana Nussbaum, Pablo Ospina y Eduardo Ramírez, pone de manifiesto hasta qué punto estos actores determinan las estructuras económicas del territorio, básicamente por tener acceso a recursos financieros, tecnológicos, políticos, naturales, sociales y culturales de los que los actores locales carecen.

En otras palabras, ya sea en sus aristas positivas -generando empleo, crecimiento económico y creando polos de desarrollo en zonas impensadas- o negativas -afectando el medio ambiente, el acceso igualitario a los recursos e introduciendo nuevas asimetrías de poder-, el hecho es que los actores extra territoriales tienen un impacto potente en los territorios estudiados por el DTR.

Según Eduardo Ramírez, uno de los autores de la investigación, en el caso específico de Chile los actores exógenos cumplen un papel fundamental en diversos territorios, en los que han generado cambios significativos tanto en las dinámicas económicas como sociales. Un ejemplo clave es el desarrollo de la industria minera en el norte del país. “Muchas veces los actores externos generan conflictos por el uso del agua con aquellos que la requieren para la producción agrícola o derechamente para su consumo. La industria minera impacta, además, el medioambiente y, por cierto, el empleo. Grandes masas de trabajadores, bien remunerados en relación al promedio nacional, se vinculan hoy a los procesos de producción minero. Estos actores sustentan un poder económico que deviene en poder político, no solo a nivel territorial sino que nacional”, asegura el experto.

En otros sectores, ajenos al minero, también aparecen territorios fuertemente  impactados por actores externos. Tal es el caso de áreas vinculadas a la producción alimentaria. La expansión de la producción de aceite de oliva desde la región de Coquimbo hasta el secano interior de la región del Maule es un ejemplo interesante. Allí, grandes extensiones de plantaciones han modificado no solo el paisaje sino también el mercado laboral. “Muchas veces estos actores dinamizan los mercados de trabajo, lo que conlleva beneficios para los habitantes del territorio. Pero, lamentablemente, otras veces desencadenan conflictos por recursos como el agua. Este es el caso que hemos documentado en el Programa Dinámicas Territoriales Rurales, concretamente en el territorio del secano interior de la región de O’Higgins. La expansión de los olivos y las viñas en dicho territorio está debilitando la capacidad del ambiente de surtir de agua las explotaciones de manera sustentable”, agrega Ramírez.

Ceguera ambiental y el rol del estado

Más hacia el sur de Chile, la industria forestal -que domina grandes extensiones de tierra- constituye otro buen ejemplo de este impacto. Según Ramírez, se han modificado los territorios, se han generado procesos de migración en áreas rurales y fuentes de empleo en ciudades intermedias. Este proceso, que ya lleva más de 30 años, tiene dinámicas de cambio en vías de consolidación: menos habitantes en los sectores rurales, más integración de los procesos de producción, menos actores económicos, cierta incapacidad de la industria para generar beneficios en los territorios y, en ocasiones, impactos ambientales negativos que mostraron su punto más crítico con la muerte de los cisnes en la ciudad de Valdivia, luego de la puesta en marcha de una planta de celulosa. “Este tipo de industria tiene un importante poder político regional y nacional sustentado en dos o tres grandes empresas forestales y procesadoras de pulpa de celulosa”, enfatiza el investigador de Rimisp.

Finalmente, en Chiloé y los mares australes la industria del salmón aporta otros ejemplos. Allí, se trata más bien de procesos económicos recientes, con alto impacto en las economías territoriales vía empleo y articulación con pequeñas y medianas empresas que prestan servicios a la industria. “En este caso, los actores foráneos impactan las economías territoriales de manera positiva, sin embargo, son ciegos a los efectos ambientales y sociales que provocan. Imponen patrones de desarrollo que no dialogan con las identidades territoriales y con otras fuentes de ingreso más tradicionales como el turismo, que si bien no generan el nivel de riqueza de la industria del salmón, son parte importante de la identidad territorial, que hoy se ve debilitada”, explica Ramírez. Si bien la población local evalúa positivamente la generación de empleo, tanto para jóvenes como para mujeres tradicionalmente marginados del mercado laboral, también tiene una valoración negativa del impacto ambiental y cultural de la industria en la zona. Esta dicotomía es parte del conflicto interno que hoy tiene Chiloé.

Desde la perspectiva del estudio de Rimisp, la llegada de estos actores ajenos a los territorios genera –casi siempre- asimetrías de poder, ya que es común que traigan con ellos inversiones importantes, además de información, capital político, cultural y social. “En algunos lugares dicha asimetría es más evidente o impacta más que en otros. Podríamos decir que, en general, esta crece cuando no hay ciudades intermedias de un tamaño importante en el territorio en cuestión”, dice Eduardo Ramírez.

Por otra parte, la maximización de beneficios que se les impone a las empresas genera incentivos en sus tomas de decisiones que debilitan su capacidad de responder a otras variables, como la ambiental, social o cultural. Así, los ejemplos dignos de imitar son menos numerosos de lo que uno desearía. “En Santa Catarina, Brasil, por citar un ejemplo virtuoso, se han iniciado procesos interesantes de diálogo entre el territorio y la industria turística de gran escala para establecer normas y reglas que permitan que los beneficios se distribuyan más equitativamente entre actores extra territoriales y locales”, asegura el profesional.

El estudio de Rimisp establece que, si bien podría suponerse que los actores locales tienen una mayor preocupación ambiental en tanto sus condiciones de subsistencia y modos de vida dependen de más componentes del patrimonio ambiental territorial que en el caso de los actores extra-territoriales, los que normalmente aprovechan “recursos” más acotados o específicos, en la realidad esto no es así. “Los resultados de nuestra investigación son pesimistas en este campo. Establecemos que los intereses de corto plazo son muy fuertes en las empresas y también en los actores territoriales que perciben ciertos beneficios, principalmente por medio del empleo. En estas condiciones, el ambiente se sacrifica. Su defensa y el desarrollo territorial equilibrado es más bien el resultado de acciones colectivas de actores como ONG y la cooperación internacional, por nombrar algunos, que aprovechan ciertas circunstancias, por ejemplo crisis sanitarias y/o ambientales, para promover normas y reglas que disminuyan el impacto de las industrias en el medio ambiente”, subraya Ramírez.

Desde su perspectiva, como el ambiente no parece tener defensores territoriales se hace imperativo un rol más presente del Estado o de las políticas públicas en este ámbito. “Sus acciones reguladoras constituyen una necesidad primordial para armonizar producción, crecimiento económico y sustentabilidad”, concluye el investigador.

Opciones para compartir nuestro contenido